La industria se mueve en Valdivia
Cine
Por Rodolfo García.
Janneke Langelaan es una linda holandesa de 26 años que ha sido nominada reina del festival de Valdivia, y es la primera vez que viaja a Sudamérica. Esta joven de tez blanca y ojos azules viene más que por turismo. Es la representante del fondo Hubert Bals del importante Festival Internacional de Rotterdam, de Holanda. En el pasado, dicha organización ha contribuido con fondos para Tony Manero de Pablo Larraín y ahora lo hace con El cielo, la tierra y la lluvia, de José Luis Torres Leiva, recién estrenada aquí en la rivera del Calle Calle, y participa de la Quinta Mesa de Negocios del Festival de Valdivia, vital para el desarrollo de nuevos proyectos.
“La primera película chilena que pude ver fue Play y quedé sorprendida. El cine chileno, por lo menos el que llega a los festivales en Europa, ha demostrado ser de buena calidad”, precisa Janneke. “Nosotros apoyamos películas que salgan de lo común y que por lo general no tendrían cabida ni financiamiento en los circuitos comerciales, como el cine de Torres Leiva, que se basa más que nada en la fotografía. Vi los documentales de José Luis y me gustaron mucho, por eso decidimos ayudarlo”, explica.
Janneke va en el barco que lleva a los involucrados en el Festival de Cine de Valdivia –jurados, directores, actores, prensa- desde el centro de operaciones del certamen, el Hotel Villa del Río, hacia el centro. La acompañan el alemán Meinolf Zurhorst, director de la cadena de televisión franco-germana Arte, un ícono dentro del cine de autor en Europa, y la española Olimpia Pont, del Co-Production Office europeo, una “compañía internacional de ventas y producción de cine para una selecta colección de películas atrevidas y cautivadoras”, según indican en la organización del Festival de Cine de Valdivia.
Olimpia Pont ha venido a evaluar películas chilenas en gestación, el llamado “work in progress” que se exhibe en funciones privadas en el hotel, y que incluye este año cintas como La nana, la nueva cinta de Sebastián Silva (director también de La vida me mata) y Tiempos malos, de Cristián Sánchez. Pont espera encontrar algo lo suficientemente atractivo como para apoyarlo económicamente. Por otra parte, Meinolf Zurhorst vino a ver qué puede comprar para exhibir en el prestigioso canal que dirige. Hace un tiempo quedó maravillado con En la cama, de Matías Bize, que pasará por televisión en Europa a fines de 2008. “La dieron en salas, ya que era una producción que contaba con financiamiento de un fondo alemán”, cuenta Zurhorst.
En el hotel ha quedado el norteamericano Santosh Daniel, de la Global Film Initiative, quien ha provisto de fondos al film Paréntesis (de Pablo Solís y Francisca Schweitzer) y distribuyó La Sagrada Familia, de Sebastián Lelio, en Estados Unidos (exhibición en salas, televisión y aviones). Con raíces en la India, Santosh Daniel trabaja en esta oficina independiente sostenida económicamente por filántropos que prefieren quedar en el anonimato, y que levanta unas diez películas al año a lo largo del globo.
LA DOLCE VITA
El grupo se dirige al elegante restaurante Agridulce, al borde de la costanera valdiviana, donde se reúnen con miembros del jurado como Paula Astorga, fundadora del Festival Internacional de Cine Contemporáneo en Ciudad de México (DF), y Tiziana Finzi, programadora de los Festivales de Locarno y Venecia. En la mesa, se pide jabalí y jaiba, y la conversación se desarrolla en inglés y francés junto a un agradable vino carmenère.
“Tendemos a conocernos en alguna parte, todos viajamos alrededor del mundo recorriendo festivales”, indica Meinolf. Este es parte del núcleo duro del cine arte mundial. Sofisticación, aviones y hoteles cinco estrellas son parte del menú anual de estas personalidades, las que elevan a Valdivia a una categoría que incluye muestras como la de Berlín y Cannes, con un perfil mucho más modesto. Un buen rubro en el cual trabajar, con tantas externalidades positivas.
A la cena, llegan luego Carlos Núñez y Gabriela Sandoval, la pareja que dirige el Festival Internacional de Cine de Santiago, Sanfic. “Como me dedico a esto, me toca estar viajando todo el año, para saber qué es lo que está ocurriendo en la industria”, declara Carlos. Con su mujer vinieron en buena onda y bajo invitación de la competencia. Es aquí donde se efectúa el rito más importante: el intercambio de tarjetas entre los asistentes, quienes a pesar del ambiente distendido, tienen claro que siempre puede surgir algún negocio potencial. Núñez le entrega el catálogo del último Sanfic a Meinholf Zurhorst, quien se excusa de no poder asistir, pues las fechas coinciden con el Festival de Sarajevo en Yugoslavia. La escena es divertida: ambiente cool, pero agenda estricta y copada.
INTERÉS LOCAL
“Dentro de lo que seleccionamos como material chileno para comprar o coproducir, está el rol primordial que debe jugar la naturaleza chilena dentro de la cinta”, acota Zurhorst respecto a las decisiones estratégicas de Arte. “La naturaleza tanto de las personas como del entorno, como en la película de Wood sobre este pescador. Para nuestro público en Europa, les da la posibilidad de encontrarse con un lugar que no verían de otra manera, lo que me parece bien”, especifica el alemán.
“Con la película En la cama fue distinto, porque todo trascurre en la pieza de un motel. Es muy difícil mantener la atención del público en esas circunstancias por 90 minutos”, aclara Zurhorst. “Es interesante como se trata acerca de sexo, pero que no es mucho lo que se muestra, sino que todo se basa en los diálogos, lo que la hace muy especial”, prosigue.
¿Compras películas en todo el mundo?
Sí, y coproduzco básicamente en Europa.
¿Qué expectativas tienes?
Es la primera vez que vengo a Valdivia y estoy recorriendo la muestra de cine chilen.
Tanto Daniel como Zurhorst se quejan del problema de que no exista ningún organismo oficial en Chile que se dedique a la promoción del cine nacional en el extranjero, a la cual los agentes puedan acudir para solicitar copias o información. “Al parecer entre las instituciones de apoyo, que son Corfo y Prochile, aún no pueden ponerse de acuerdo en quien llevará la bandera”, comenta Daniel.
LAS FIESTAS Y EL LOBBY
Además de una entidad que reúna los esfuerzos de promoción, ambos extranjeros se quejan de que no pueden entender mucho de las películas que han visto en plan de compra, como 199 recetas para ser feliz de Andrés Waissbluth, ya que ninguna está subtitulada en inglés. ¿Le falta crecer en este aspecto al Festival que quiere ser una ventana para el cine chileno? “En todos los festivales de clase se hace, vas a ver una película, y está con subtítulos, para que los agentes de la industria puedan entender la cinta y evaluarla, incluso las mismas películas chilenas que salen a mostrarse afuera, van en copias con leyendas en inglés. ¿Por qué no se hace aquí?”, inquiere Zurhorst molesto y frustrado.
En la fiesta en el centro de reunión después de la jornada, el Ocio bar, Waissbluth intenta compensar explicándole el argumento de su cinta al alemán, y prometiendo enviarle un DVD con subtítulos. A la celebración llegan actores como Andrea García-Huidobro y Pablo Macaya, más gente de producción y vinculada al medio, como Javiera Undurraga de In-Edit, y Pablo Illanes, quien ha venido a exhibir el tráiler de su proyecto de cine gore, Baby Shower, su largometraje debut. La música está a cargo de Philippe Boisier y de Sebastián Lelio, y los negocios continúan en medio de la taquillera pista de baile.
El productor de la película La Nana, de Sebastián Silva, rescata el gran valor del festival de Valdivia. “Tienes que estar en las fiestas del Ocio, en los almuerzos y paseos, es esencial pues ahí se crean oportunidades de contactos. En ese sentido, Valdivia se sitúa dentro de la corriente de los festivales a nivel mundial, que son agotadores, ya que en la mañana estás en reuniones de negocios y workshops, en la tarde muestras tu película y en la noche haces lobby. Lo bueno es que este festival rescata mucho el valor de la imagen, y el trabajo de autor de los realizadores”.
Augusto Góngora, director del área cultural de TVN, coincide. “Los festivales de cine se hacen para dos cosas, para pasar películas y para hacer negocios. En ese sentido, es vital la presencia de gestores internacionales de la industria para su desarrollo a nivel chileno. La Quinta Mesa de Negocios que ocurre aquí es por ende muy relevante, y no es algo que yo haya visto en los otros festivales del país”.
“Está muy bien que vengan estos representantes extranjeros, y que existan estos encuentros. Ellos permiten gestionar una película desde la base misma del guión en adelante. Creo que es fundamental la presencia de estos gestores que hacen posible la realización de una cinta desde sus inicios”, comenta el director Matías Bize, quien se encuentra dando forma al proyecto que será el sucesor de Lo bueno de llorar, su último largometraje.
El lobby es válido y necesario. Mientras por los parlantes del Ocio todos bailan al ritmo de MGMT o Chemical Brothers, el mismo Bize se acerca a conversar con Meinolf, seguido de Sebastián Lelio quien ocupará su mismo asiento. “¡Dios mío! Nunca se acaba el trabajo”, exclama Zurhorst mientras bebe un sorbo de cerveza.
EPICENTRO DEL CINE CHILENO
“Si quieres estar en el cine en Chile, conocer el ambiente y a quienes se desenvuelven en él, es esencial que vengas a Valdivia, aquí está todo”, resume el productor de La Nana. Iván Pinto, del sitio web especializado en crítica La Fuga, va más allá. “No sólo los negocios se dan acá, si no una reflexión y un acercamiento muy rico alrededor del cine. Se da un espacio real donde la gente puede conversar y cuestionarse”, recalca. Pinto participa de la organización de los workshops o foros abiertos de trabajo del Festival de Valdivia, los que se realizan al lado del embarcadero del Calle Calle en la sala Ainilebu.
Los temas agrupan asuntos como la libertad de prensa con una video conferencia con la documentalista Elena Varela, cuyo material grabado en tierras mapuches fue requisado por la policía y ella encarcelada, tras lo que permanece con reclusión nocturna. También, se discute sobre las nuevas estéticas en el cine nacional, los financiamientos posibles para el cine latinoamericano y las limitaciones de la crítica, entre otros tópicos.
Las expectativas de los entrevistados (directores, agentes, productores) apuntan hacia un crecimiento de Valdivia como un festival importante a nivel latinoamericano. ¿Ayudará el subtitular las películas? Santosh Daniel no duda acerca de ello. Es su segunda vez en el país y piensa volver. “La calidad de los jurados, como el hecho de tener a Tiziana Finzi de los festivales clase A de Locarno y Venecia, apunta a una calidad única”, indica el programador Gonzalo Maza.
Inscription à :
Publier les commentaires (Atom)

Aucun commentaire:
Enregistrer un commentaire