mardi 26 mai 2009

Alicia Scherson| Historias modernas.2005| Entrevista para super 45


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Alicia Scherson: Historias modernas
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Durante una pausa en Santiago, la directora de Play conversó con Super 45. Las historias tras su galardonada película, sus nuevos proyectos y una visión personal de su propia generación (de jóvenes inseguros en una ciudad extraña), conforman los temas que Scherson desglosó al ritmo de un café en una calurosa tarde urbana. Junto a ella, discutimos del Festival de Valdivia y del cine chileno actual.

De vuelta de Chicago, la ciudad donde estudió y vive a ratos junto a su novio (“mi casa”, señala la cineasta), Alicia Scherson nos concede un espacio en su agitada agenda. Está editando lo que será Baño de mujeres, el cortometraje en el que la rubia María Elena Swett reconsidera su matrimonio durante una hora de encierro en un aeropuerto. La oferta vino de una marca de shampoo y el resultado lo pasó Canal 13.

Nos juntamos en un café de Providencia con Alicia, mientras ella hace una pausa en sus múltiples actividades: vienen más festivales, como el de Miami, al que la autora viajará junto a Aline Kuppenheim (Irene, en Play), y el de Tesalónica (con Viviana Herrera, esta vez). La directora luce en forma para tanto jet lag. Además, tiene nuevos proyectos, anuncia entre el barullo de este concurrido local (el Normandie).

Después del estreno de su ópera prima, la joven cineasta recibió varias proposiciones. En EE.UU. se le acercaron productoras de peso a negociar algún proyecto en camino. La verdad, añade Scherson, ella venía llegando de una especie de maratón tras el esfuerzo de rodaje, y lamenta un poco no haber tenido nada en carpeta. Ahora está viendo una historia en torno a Aysén, donde se han registrado varios suicidios juveniles. La falta de oportunidades, el descampado y supuestas redes de tráfico de drogas estarían entre las causales de posibles crímenes. ¿Estilo Twin peaks? “Sí”, contesta Alicia, “con un afuerino que llega y empieza a descubrir todas estas cosas”. La idea es mostrar lo que se guarda debajo de la alfombra, lo que nadie quiere ver, la rareza que hay en Chile…

Scherson incorpora en Play varios elementos multiétnicos. En su colegio, asegura, había muchos nombres que no sabía de dónde habían salido. Esa faceta de Santiago como una ciudad cosmopolita, donde se mezclan una pluralidad de ascendencias, le interesaba de sobremanera. Así elige a un viejo griego, a una mapuche, a un ruso, un argentino… Hay varias alusiones a la cultura judía en la cinta, como el chiste acerca de la tele en blanco y negro, que es contado por una tía de la directora.

El cementerio donde entierran a Milos es hebreo. Alicia proviene de los judío-rusos que llegaron en 1906-1907. Ha pensado en entrevistar a los que todavía viven. “Mientras queden… son pocos”, acota Scherson.

—La familia de Jodorowsky se vino por esa época.
—¿Ah sí? Me interesa hacer algo con la colonia, por las historias, aunque yo no soy religiosa. De los que llegaron guaguas a principios del siglo XX. Muchos montaron negocios después: Hites…

La música incidental de Play, compuesta por Marc Hellner y Joseph Costa, ganó el premio a la mejor banda sonora en el Festival de Valdivia este año. Los intérpretes se sumaron al lanzamiento de la cinta en Chile con un concierto en el cine arte Normandie. La mezcla de sentidos –vista, por supuesto, pero también olfato, tacto, gusto y oído– es un elemento recurrente en el film. Los personajes (Tristán, Irene, Cristina) comen, viven y aman en todo lo cotidiano de estas acciones.

Envueltos en una ciudad poliforme, ecléctica, disonante, conviven el anciano Milos, una joven enfermera y un hombre abandonado por su esposa. Como marco, un Santiago moderno, contingente; detrás de cámara. Un micro-universo captado desde varios ángulos. El tecnológico, por ejemplo: con I-pods, teléfonos móviles, y el urbano, a través de encuentros, buses, teatros y restaurantes.

Este mundo incorpora realidades sociales distintas, representadas en Cristina y Tristán. Todo el cuestionamiento de su posible unión pasa por un factor de movilidad que es ejemplificado por los distintos lenguajes, modos y vestimentas de los intérpretes. El drama de Cristina, que descubre el universo de la clase alta, es que aunque adopte su exterior, con ropa, maquillaje y peinado, ésta le sigue siendo ajena.

Scherson reconoce que podría haberle restado tensión haciendo una fábula estilo Pretty woman. Pero en esto es más realista (y es lo que le da fuerza a su relato). “¿Tú crees que hay movilidad?”, pregunta con un tono un tanto amargo. “Hay muy poca. Todos estos códigos que toma prestados Cristina, tipo My fair lady, como para aprender a comportarse y todo eso, no sirven”, argumenta la directora.

Alicia Scherson ve su película como una comedia. En Vancouver fue calificada de esta forma. Su debut provocó intercambios de ideas en los foros, tras ser exhibida en Norteamérica. Un elemento que urge en los festivales nacionales, donde todos se quedan callados a la hora de las preguntas, comenta Scherson.

Un beso ritma toda la cinta. Es el momento culmine, el clímax. El resultado de todos estos roces imperceptibles entre los personajes. Un beso inocente al lado de la infidelidad encamada de Kuppenheim. “¿Qué pasaba tras ese beso?”, era la pregunta que animaba a los participantes. “Hasta hicieron una encuesta”, comenta la directora. ¿Cuál de las co-protagonistas se quedaría con Tristán?

El lugar está fresco, afuera el calor de media tarde es intenso. Micros y transeúntes se pierden en la modorra después del almuerzo. Alicia recuerda varias anécdotas del rodaje, mientras su voz se hace apenas perceptible por el jazz del local, pero ríe y se escucha más clara, de pronto. Al ruso lo fue a buscar al centro cultural donde todavía colgaban cuadros del avance soviético, con astronautas…

En el momento del altercado entre el triángulo amoroso, Aline Kuppenheim recibe una cachetada que le da vuelta el rostro. En una de las tomas, al ruso se le arrancó la mano y le pegó de verdad. El diálogo de este personaje era más largo e incluía una historia acerca de un oso y de Siberia. “Usted tiene gran conocimiento del alma rusa”, le dijeron.
“Era un monólogo tras el polvo, en el post-sexo”, precisa Scherson. Los productores lo cortaron, ya que era “tercer acto y la gente está con ganas de resolver”. El borracho que acompaña a Tristán en el bar era tuerto, con un ojo de vidrio. Otro había sido un gordo simpático en el colegio, y ahora era un flaco amargado…

Alicia tenía problemas para terminar sus historias. “Como ese libro de Italo Calvino: Si una noche de invierno un viajero, en el que son sólo comienzos.”, explica Scherson. En Cuba realizó un cortometraje con varias historias entrecruzadas. Todas a partir de objetos y lugares que relacionan a personas distintas, una pareja que se pelea, un niño…

—Los sueños en Play son bastante simbólicos: una relación que se destroza versus una mantequilla que se derrite, una jirafa…
—Sí, me interesaba todo esto de las pistas falsas, los sueños. Tenía ganas de cruzarme con el sueño que fuera más difícil, pero imposible. Eso es lo lindo de los sueños. Es imposible encontrar una imagen vacía, en el fondo. La Eugenia Weinstein me dijo (ella es sicóloga): “Es el poder de los hombres que se está derritiendo, con respecto a la mantequilla. Son débiles como pollitos.”

—…
—Es una representación. Igual del género. Mis amigos son más como Tristán que como el macho viril chilensis. Si tú ves algo interesante de las películas chilenas –no es decir que somos todos lo mismo, porque no lo somos–, si piensas en el Pérez Bannen de Paréntesis, en el Cruz Coke de Se arrienda, Tristán, Néstor Cantillana en La sagrada familia: son todos hombres de unos treinta y tantos, frágiles, que no saben lo que están haciendo, y no todas son películas dirigidas por mujeres. En el reportaje de The Clinic hubo algunos problemas porque lo tomaron solamente por el lado feminista, como todo un statement contra el hombre. Y no lo era. Fue un poquito manipulada la entrevista. Me sorprenden los hombres de todas estas cintas, hasta en el físico. Incluso en el casting los actores tenían parecido, algunos podrían haber sido Tristán, Cruz-Coke quizás no, por la edad…. Me sorprenden los varones de estas películas: no se autoafirman. Generalmente están acompañados por una niña rara, que aparece. ¡Es increíble! No es que nos hayamos puesto de acuerdo… Esas cosas son para mí las más interesantes. Van más allá de lo que ningún periodista que hable del “Nuevo Cine Chileno” se haya detenido realmente a analizar, que encuentro son las más interesantes. Más que hayamos filmado en digital o eso. Ví una película de Ezequiel Acuña, un joven argentino, como de esta generación, que hizo Nadar solo. El mismo día dieron La sagrada familia. Las dos tenían un conejo. Con Play eran tres películas con un conejo el mismo año… Alicia en el país de las maravillas.

—Tristán patea el conejo del mago.
—Se tropieza. No le pega. Pobrecito, no lo dejo ni hacer eso.

—¿Tristán e Isolda?
—¿?

—Los protagonistas toman veneno por su amor imposible…
—En realidad, por Tristán Ulloa, quien quería fuese el personaje. Es el de Lucía y el sexo: una coincidencia, pues terminé trabajando con Andrés Ulloa. Y sí, claro, triste, Tristán e Isolda

—La alcachofa del inicio. La pareja desintegrada se come una alcachofa. Es uno plato frío, cero pasión, hay que deshilacharlo…
—Descorazonarlo, sí. Se cortó eso sí, los diálogos de cama eran más largos, también.

—¡Un maracuyá, algo que demuestre amor!
—Jajajá. Sí. ¡Una sopita, unos porotos! Los gringos se ríen mucho con la alcachofa. Les parece muy rara. Pero es una flor. Un comestible extraño.

—¿Cómo va la gira de promoción de Play?
—Me queda Miami, Grecia, Tres continentes en Francia…. Y después, espero, La Habana. Estoy cruzando los dedos.

—¿Qué tal el festival de Valdivia de este año?
—Sí, en esta edición se intentó hacer algo más entretenido porque coincidían muchas cintas chilenas. El público se picó mucho porque el jurado les dio pocos premios. Pero el festival demostró una cuota de interés al seleccionarlos a todos y fue súper entretenido: por primera vez estar compitiendo con tus pares y cada noche había una fiesta de lanzamiento de una película chilena. Había una sensación un poco de euforia que creo que igual hay que comprársela, hay que ir con la corriente en eso. Es bueno que la gente se empiece a creer el cuento del cine chileno. Aparte que eran películas súper independientes.

—¿Por financiamiento?
—No, por intención. Mi mejor enemigo, La sagrada familia, Se arrienda, En la camaSe arrienda me sorprendió mucho, me la imaginaba mucho más comercial. Me refiero a la intención, a con qué espíritu te sientas a escribir o a dirigir. En este sentido respeto mucho todas estas cintas, nadie está haciendo cine aquí como para ganar plata. Se arrienda no sé si la viste, pero la película es difícil, cinematográficamente hablando. A mí me parece Play mucho más liviana que todas ésas. Me han cargado el título de cine arte, pero a mí me parece que es súper pop.

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