mercredi 13 mai 2009

José Luis Sepúlveda: El abismo de la marginal|18.12.08| entrevista para Paula

José Luis Sepúlveda: El abismo de lo marginal

El Pejesapo es una película perturbadora acerca de un ser marginal que se pierde entre una tentativa de suicidio, su adicción a la pasta base, la cesantía, una esposa con parálisis facial, una hija y un amante travesti. Una mirada oscura al lumpen chileno.

Por Rodolfo García.

El Pejesapo, el primer largometraje de José Luis Sepúlveda, es un asunto desorientador y molesto. La eterna angustia y confusión del personaje de Daniel, interpretado por el ex presidiario Héctor Silva (que aprendió teatro en la cárcel de Colina), incomodan con malas vibraciones al espectador. Esta cinta chilena ha sido exhibida en festivales como Cannes y Locarno, y se vincula a un cine social y naturalista que rechaza los parámetros de la industria “burguesa”, según el director.

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Sepúlveda tiene experiencia en la contracultura. Este egresado de cine de la Universidad Arcis ha sido camarógrafo de la documentalista Elena Varela, detenida en una violación absoluta a la libertad de prensa por grabar el conflicto mapuche. Además, el cineasta de 37 años ha dirigido documentales sobre cárceles y cortometrajes, y está vinculado al Feciso, el Festival de Cine Social que se realiza desde 2006 en La Pintana.


Trailer El Pejesapo

El Pejesapo, su cinta debut, muestra el mundo perdido de la región metropolitana, las vicisitudes y dolores de estómago cotidianos del hampa capitalino. Daniel es un suicida dejado por el río Maipo frente a Buin, desde donde decide volver a la ciudad. Ahí buscará trabajo sin éxito, se vinculará sexualmente con el travesti Barbarella (con una cámara explícita), hará llorar a su mujer, que tiene parálisis facial, y acosará a su joven hija para que le muestre las tareas, al tiempo que se extravía entre el crack (pasta base) y el alcohol.

¿Cómo surgió este proyecto?
Me interesa mucho la dirección actoral y quería hacerlo. He hecho varios cortos, todos con una visión de autocrítica social y con una estética de lo cercano, como la calle. Me interesa que no sea algo así tan victimizante, de decir ‘Oh, pobre gente’, si no darte cuenta de que muchas veces es culpa de ellos mismos. A veces son ellos quienes dejan que los aplasten.

¿Cuál es tu descripción del infierno, como rutina aplastante y sin perspectivas?

Es curioso, porque a pesar de que lo dice una mujer que trabaja en una planta en las afueras de Santiago, grafica perfectamente lo que puede ocurrir aquí en el centro. ¿No te parece? Es extraño, porque donde eso ocurre, ese lugar en ninguna parte, es aquí en Santiago, donde termina avenida Santa Rosa, y hay mucha gente que se desplaza de allá para la ciudad y se quedan aquí un tiempo.

¿Cómo fue la realización, como el tomar diálogos acerca de comer perro y gato?
Es que son conversaciones súper cotidianas por allá. Quisimos trabajar lo más naturalmente con los actores, con Héctor Silva lo conversamos mucho, y a veces no es necesario que el actor se separe tanto de lo que es para convencer, a veces hace falta sólo un milímetro de distancia consigo mismo para que todo resulte. Mientras más cercano sea el diálogo, tiene una metáfora que abarca mucho más.

¿Hay un naturalismo ahí?
Es que queríamos que fuera real. En las películas chilenas que habíamos visto, siempre todo estaba caricaturizado, como que siempre es el ‘guashita llica, el flaite y la weá’, y siento que eso va en desmedro de nosotros. Es como mirar a la gente de mala manera.

¿De arriba hacia abajo?
Claro, y la gente no es tonta. Todavía me convenzo de que no.

La cámara se acerca mucho al documental…
Sí, es que igual el documental te da esa sensación de realismo. Quizás, el documental en Chile ha tocado temas mucho más interesantes y profundos que las películas de ficción. Las películas son puro mercadeo, donde la cinta puede ser buena, pero pones a un actor de moda y todo se transforma en una prostitución. Imagínate que este año hubo 28 estrenos. La ministra de cultura lo celebra. Pero filo, puede haber 20 mil, aunque eso no te dice nada de la calidad. En Chile no tenemos una cultura seria. No hay centro de investigación en la parte actoral o de fotografía. ¿Quieren industria? Ok, pero necesitamos recursos para experimentar y desarrollarnos de manera seria y estética, como pueden ser estos centros, que existen en otros países como Cuba. Sino, es tan sólo una industria de empresarios, o de traficantes.

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