Javiera Undurraga: Miss In-Edit
Por Rodolfo García.
Fue en 1996 cuando Javiera Undurraga dejó Chile para no volver más. Sólo regresó por un tiempo para juntar un poco de plata y poder partir otra vez. Al terminar sus estudios de comunicación audiovisual en Uniacc, partió a Miami, Estados Unidos, para realizar su práctica profesional en MTV Latino, y se quedó trabajando ahí. “Era la época de oro de la industria musical, a mediados de los noventa, cuando las ventas y beneficios eran enormes y millonarios. También fue el tiempo en que en el canal participaban otros chilenos como Alfredo Lewin y Cote Hurtado”, destaca Javiera.
Tres años más tarde, en un viaje a Europa, se enamoró de Barcelona y decidió quedarse en España trabajando. “Sin papeles, pues, como todos los que se quedan en Europa”, precisa. Con el tiempo, la comunicadora se casó con un ingeniero español, con quien tiene dos hijas y casi ocho años de matrimonio. Apasionada por la música, en Estados Unidos asistió a cuanto concierto encontró, incluyendo el legendario festival Lollapalooza dirigido por Perry Farrell, el cantante de Jane’s Addiction.
“Al tener familia, se me hizo difícil poder seguir yendo a recitales en la noche, sobretodo porque en España es muy difícil contar con servicio doméstico”, acota Javiera. Delgada, de pelo castaño, mirada despierta y apariencia sobria y elegante, Undurraga sonríe mientras piensa en la familia que conformó en Europa. Su vía de escape para saciar su curiosidad melómana fueron los documentales musicales. “Tienen un factor más relajado que te permite disfrutar de tus artistas favoritos cuando ya no estás tan disponible para irte de fiesta a un show”, comenta.
Es entonces cuando conoce In-Edit en Barcelona, y queda maravillada con el concepto de festival de documentales de música y la cantidad de películas exhibidas, unas cincuenta cada año. “Me propuse traerlo a Chile, ya que cuando estás en Europa, siempre quieres llegar con algo para tu gente, algo que sea un aporte”, explica. En la capital catalana, Undurraga ha podido relacionarse con otros chilenos, como el grupo de rock Familea Miranda, quienes residen en tierras ibéricas desde 2006.
También en Europa, la comunicadora conoció a Javiera Parada, hija de José Manuel Parada, uno de los tres degollados en 1985 por el gobierno militar, y exiliada en Cataluña. “Al principio me costó hacer cuadrar con mi gente el hecho de pasar el documental sobre su vida, Javiera de Barcelona, en el In-Edit Chile, pero esta actriz pudo sanarse a través de la música, siendo disc jockey de electrónica y eso es maravilloso”, dice Undurraga.
DE CATALUÑA A SANTIAGO
Javiera partió con In-Edit en Santiago hace cinco años, y desde entonces el festival ha ido desarrollándose hasta convertirse en una referencia. La próxima edición de diciembre será en grande, con más salas que en años anteriores y con media partners como radio Zero y la revista especializada Extravaganza.
Para la comunicadora, In-Edit es además la excusa perfecta para venir cada año a pasar sus vacaciones a Chile, visitar a sus padres y hacer que éstos compartan con sus hijas. “El resto del año me coordino con mi equipo por Skype, mail, o como sea. Y puedo trabajar gracias al cambio de horario, que me permite estar en contacto en la mañana, cuando mis hijas van al colegio, y luego en la noche, cuando ya están durmiendo”, indica Javiera, quien ahora es asistida por la periodista Marisol García.
¿Cómo te nació la inquietud de hacer In-Edit en Chile?
Este festival existía en Barcelona, yo fui a verlo y encontré que era increíble. Luego, me pareció que en Sudamérica hay una escena muy potente de música y creía que iba a ser un éxito. Me puse en contacto con los organizadores, les dije que quería traer In-Edit a Chile y los convencí.
¿Y ha sido un éxito?
Sí, de todas maneras. Yo estoy muy contenta con el festival, que año tras año ha ido creciendo. Para mí esto es una forma de expansión. Es un festival independiente que tiene sus pros y sus contras. Lo bueno es que podemos programar lo que nos gusta y podemos hablar lo que queramos en torno a la música y la imagen, y compartirlo con gente que le interesa el tema. Lo negativo es que es un festival hecho con esfuerzo.
¿Cuántas películas tienen en exhibición?
Bastantes. El año pasado creo que tuvimos alrededor de cuarenta. Había tres locaciones, como el Teatro Mori, el Centro Arte Alameda y el cine Pedro de Valdivia. Esto fue muy especial y a la vez terrible, ya que cerramos ese cine de barrio, el que ahora va a ser un hotel. Yo le escribí un mail al dueño, para que en su hotel pusiera una sala pequeña de cine, y que de seguro los vecinos de la plaza se lo iban a agradecer. No sé si lo habrá leído, pero se lo pedí con todo respeto. Le dije que hoy en día los hoteles están abiertos a la comunidad, por lo menos es lo que ocurre en Europa. Eso ya tan cerrado no es ni negocio, y el poner una sala pequeña y abierta a la gente le podría hasta beneficiar económicamente.
ENTRE EL CALLE CALLE Y LASTARRIA
En el XV Festival Internacional de Cine de Valdivia, In-Edit tiene varias cintas en exhibición, como una respuesta a Buena Vista Social Club, presentada como segunda parte por el alemán Carsten Möller, un increíble documental sobre la banda de rock de vanguardia Sonic Youth, llamado Sleeping Nights Awake, y otro sobre la vida de Kurt Cobain, About a Son, entre otros.
¿Qué te provoca Valdivia?
Estoy súper contenta de estar acá con la muestra In-Edit. Nosotros hace mucho rato que queríamos salir de Santiago, pero en buenas condiciones, bajo el alero de gente seria. Esto porque el In-Edit ya tiene su nombre y su prestigio y el Festival de Valdivia es una excelente plataforma. Valdivia es una de las ciudades más bonitas de Chile y aquí se nota que el público está ansioso de eventos como In-Edit, así que espero que lo disfrute y lo pase tan bien como nosotros.
¿Cómo ha sido la recepción de In-Edit en general?
Increíble. Nos damos cuenta de que tenemos llegada pues hemos tenido anécdotas divertidas, como cuando pasamos el documental de Kurt Cobain llegaron chicos con guitarras y poleras. También nos dimos cuenta de que existe un público entendido, cuando en pantalla aparece algún músico e instantáneamente surgen gritos desde las butacas. Eso es muy rico.
¿Qué planes tienes este año para el In-Edit?
Estoy viendo la posibilidad de hacerlo en Lastarria, ya entré en conversaciones con todas las locaciones alrededor del barrio. Estoy hablando con el Biógrafo, con Lastarria 90, con el Observatorio, el Teatro Mori y por supuesto el cine arte Alameda. Esto porque quiero hacer un circuito que se pueda recorrer caminando entre estreno y estreno, y que el público después de la película pueda reflexionar sobre la música, sobre lo que vio. Porque eso es lo lindo del festival, más que en una multisala de mall. Es lo que ocurre aquí en Valdivia, donde todo queda cerca y se genera un ambiente muy rico, por eso este festival merece todo mi respeto.
¿Cómo seleccionas la muestra?
La mayor parte de las películas las saco tras ver el In-Edit en Barcelona, que es ahora muy pronto. El resto lo veo en la casa. Siempre que puedo me arranco a Berlín y a Cannes, ya que están relativamente cerca y no puedes formar parte de la industria e ignorar lo que sucede a tu alrededor, los workshops y las problemáticas propias. Me causó pavor escuchar a la ministra de Cultura decir que estamos en un buen momento, y alrededor mío los realizadores se miraban consternados. Hay problemas serios de falta de público, en el mundo la tendencia es a que las salas vayan cerrando. Por otra parte, me gusta poner películas jugadas que aunque las vean treinta personas, que sean aquéllos que realmente saben de música y se apasionan por el tema, como ocurrió el año pasado con The devil and Daniel Johnston. Eso te da una gran satisfacción.
¿Alguna película jugada este año?
Tenemos dos chilenas que son bien jugadas. La primera es un documental sobre Rosita Serrano, una diva chilena muy desconocida de los años treinta que se fue a cantarle a los nazis. La historia es increíble, ya que cuando se dio cuenta del horror de la guerra, se puso a cantarles a los judíos y tuvo problemas con el Tercer Reich. La historia es muy bonita porque no la conocemos mucho. La otra es The Red Elvis, que se trata de un tipo que era como el Elvis Presley de los países comunistas. Este personaje viene a Chile en la época de Allende, y participa del cambio de mando. Es entretenido, aparece su hija hablando acerca de él, y aparte refleja una época, de cómo se vivía en ese tiempo, algo muy conmovedor. Yo creo que van a gustar estas dos cintas, a pesar de no ser masivas como las de Pink Floyd o los Rolling Stones. Pero son piezas que son bonitas de rescatar y es nuestra labor como festival poner cosas así.

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