mercredi 13 mai 2009

Hugo Mujica: Entrevista para Paula|14.12.08

Hugo Mujica: La desnudez de la palabra

Hugo Mujica es uno de los poetas argentinos del momento. Su estilo depurado y profundo posee una capacidad contemplativa sorprendente y simple. Descúbrelo, aquí.

Por Rodolfo García.

Hugo Mujica partió a Nueva York a los 19 años como pintor. En el Greenwich Village, el taquillero centro de la vanguardia pop y experimental del arte de la época, el argentino se integró al movimiento y vivió su época de gloria. Probó drogas como el LSD, nuevos métodos expresivos y se vinculó al mundo espiritual del poeta beatnick Allen Ginsberg, una suerte de profeta importado desde Inglaterra donde lo había llevado William Burroughs, el autor del célebre ‘Almuerzo desnudo’.

Tras vivir un período intenso de revolución artística y cultural, Mujica se recluyó durante siete años en un monasterio trapense hasta que un día, sin más, mirando por la ventana, sintió una epifanía y le nació la palabra. Hoy, sus poemas completos acaban de ser editados en Estados Unidos, en Argentina ya van este año en su cuarta edición, y se ha convertido en uno de los autores más respetados del otro lado de la cordillera.

Para este poeta, lo esencial es la presencia. La gratuidad de lo que existe, de los seres queridos, del afecto, de la reflexión, del instante. La maravillosa manifestación de la vida. Tanto así, que tras haber sido durante dos años profesor de filosofía en la Universidad de Buenos Aires, nunca dejó a sus alumnos tomar notas o dar examen. Lo importante para él era simplemente “estar ahí” y vivir el momento de la clase. “La verdad va más allá del dato, a mí me interesa que la verdad acontezca. La memoria la podemos delegar”.

Cansado con la inflexibilidad del sistema educativo, Mujica se retiró para dar clases privadas durante cinco años. Con cursos que ascendían a los 100 alumnos. Este 2008, Hugo ha venido cuatro veces a Chile (Valparaíso, Santiago y La Serena), la última invitado a una serie de entrevistas en la Universidad del Desarrollo dirigidas por Cristián Warnken, quien dirige ahí la Escuela Abierta de Literatura. Dueño de un estilo que se acerca a la depuración extrema del haiku japonés, Hugo Mujica busca desentrañar la desnudez de la palabra, y desde ahí hacer emerger todo su poder y belleza.

¿Cómo fue tu vida en el Nueva York de los sesenta?
Bueno, tuve experiencias con drogas, con el hippismo y algo muy fuerte con la política. Se recuerda lo anecdótico, pero se olvida que en una década mataron a Malcom X, a Martin Luther King, a Bob y John Kennedy, estaba la guerra en Vietnam y la lucha por los derechos de los negros. Fue una época muy movida.

¿Eso se reflejaba en las calles?

Sí. En ese tiempo entendíamos lo social desde la calle, todavía no existía eso de resolver los problemas por internet. Se salía, te pegaban o pegabas, luchabas con tu cuerpo.

¿Te vinculaste al movimiento artístico?
Sí, estuve bastante metido con los pintores, y yo en esa época no escribía, pero con Allen Ginsberg compartíamos un gurú hinduista, el mismo que William Burroughs había llevado a Londres y que Ginsberg había traído a NYC. En realidad, nos vinculábamos todos porque vivíamos en el mismo barrio, que era el barrio de los pobres, más allá de la mitología. Es como Montmartre, que era el lugar barato de país, donde se juntan los artistas, que han elegido la pobreza para poder desarrollar su propia forma de vida.

¿Cómo llegaste al monasterio?

Fue en una gira con el gurú, hicimos escala en ese monasterio trapense y tuve contacto con ese mundo. Yo nunca había desarrollado mi espiritualidad ya que venía de una familia anarco-sindicalista. Y ahí se fue dando, ya que a finales de los sesenta morías de una sobredosis, volvías al sistema o estaba toda esta vía mística que tenía mucho que ver con el misticismo de las drogas, que es lo que a mí me hizo sentido. Fue luego de estar ahí, con voto de silencio, que empecé a escribir.

¿Cómo encontraste la palabra?
No sé si la encontré o si ella me encontró a mí. La verdad es que estaba mirando por la ventana mientras cocinaba, y me puse a escribir lo que veía. Sentí que había encontrado un lugar de expresión.

¿Te acercas a una simpleza oriental cuando escribes?

No, porque es un mito que tenemos de Oriente, que todo es como en los monasterios. Pero no es así, como nosotros tampoco somos todos rubios, ricos y felices, que es como nos ven ellos. Monasterios, por lo demás, hay en todas partes. Mira, a mí lo que me interesa es la simpleza, y lo simple es, por la mañana, captar qué somos cuando estamos desnudos, y eso es igual en cualquier lado. Voy en la cuarta edición en Buenos Aires de mis Poemas Completos, y me preguntó porqué está pegando tanto, si todos dicen que poesía no se lee. Tal vez sea porque yo busco mantener la poesía cuando todavía está totalmente desnuda, después cuando nos vestimos, aparece oriente y occidente, ricos y pobres. Cuando hablamos de oriente, hablamos de Li Po y del siglo XI, no del Tokio de ahora que parece Wall Street, es un mito ingenuo el nuestro (se ríe).

Descubre la poesía de Hugo Mujica en www.hugomujica.com.ar.

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