mercredi 13 mai 2009

Esther Robinson| Entrevista para Paula| SANFIC 08 | Inédita

Esther Robinson: Reconstruyendo la Factory

Cine

Por Rodolfo García

Esther Robinson descubrió que su tío era cineasta y amante de Andy Warhol. Recuperó su obra desaparecida hace cuarenta años y reconstruyó su historia truncada misteriosamente a los 27 años en A Walk into the sea, exhibida en Sanfic y ganadora de un Oso de Oro en Berlín.


Esther Robinson presentó su premiado documental A walk into the sea en Sanfic, acerca de su tío Danny Williams quien fue amante de Andy Warhol y testigo de los primeros años de la Factory, en una mirada nueva y humana. Al mismo tiempo, la joven directora norteamericana exhibió los cortometrajes experimentales de Williams, los que permanecieron en el olvido durante treinta años y poseen una creatividad apabullante, al tiempo que muestran la vida del estudio donde nació el pop art y las primeras imágenes que se cuenten de Velvet Underground. Aquí, su historia.

Es domingo en la noche y espero que éste no sea aburrido. ¿Lo es? El llegar cansado de tedio a un lunes es un castigo insoportable…es mejor llegar con ojeras por salir. Está Sanfic, el festival de cine de Santiago para salvar la tarde. Vamos, una vuelta al centro al cine arte Alameda, la ocasión lo merece: Guy Picciotto, el guitarrista de Fugazi, ícono del post punk, viene a musicalizar unos cortometrajes acerca de la Factory, el efervescente taller de Andy Warhol, cuna del pop art y de la vanguardia de Nueva York a mediados de los sesenta. Fugazi, quienes vinieron en 1997 a Santiago, y Warhol, dos nombres poderosos que congregan a un público numeroso que llena el cine. No hay asientos, un rostro familiar, Perrosky, me indica un espacio en el suelo. La atmósfera se torna expectante en medio de cervezas corona y flashes ocasionales.

Tras la habitual bienvenida de los dueños del cine, una rubia alta emerge del escenario, con una intérprete. ¿Qué hace ella ahí? Hey, se espera a Picciotto y la Factory aquí, señorita. La joven comienza a hablar en inglés con acento norteamericano, de hecho, lleva el típico gorro de lana tipo nieve que usan los chicos cool de Nueva York, como Sonic Youth y Stephen Malkmus de Pavement.

–“Oh sí… ¿Han visto ustedes cine experimental?

El público ríe en silencio, como si la pregunta tuviera cierto prejuicio de subdesarrollo.

-“Sólo el Festival de la Una’, lanza alguien con sarcasmo.

-“Pues estos cortometrajes pertenecen a mi tío, Danny Williams, quien murió muy joven, cuando tenía veintisiete años. Él jugaba con la cámara y creó todas estas imágenes sólo con la intervención del lente y los botones del aparato, nada más. Él retrató a la Factory, ya que fue amante de Andy Warhol. Yo recuperé parte de su obra perdida por 30 años, y es lo que verán ahora.”

La proyección comienza, se trata de tomas en cámaras antiguas caseras, llamadas 8 milímetros o Súper 8. La imagen es en blanco y negro, con un asombroso trabajo de composición minimalista y juegos de luz y sombra. Escenas de una fiesta, todos vestidos de traje y copa en mano, riendo, haciendo bromas, cuando no provocando al lente al escarbarse la nariz. Figuras jóvenes, que se ven frágiles y alegres, como si ese mundo de cristal fuese a derrumbarse en cualquier momento. La historia de las drogas y el cliché autodestructivo y frívolo de la Factory son lugares comunes. Es una suerte desmitificarlos con estos flashes etéreos que forman un efecto estroboscópico en la película. Los rostros leídos una y otra vez se vuelven carne en los haces del proyector del cine arte Alameda. La actriz de Chelsea Girls, Brigid Berlin, la joven aristocrática que morirá debido a las drogas, y Genevieve Charbin se turnan al teléfono y tipean un texto en la máquina de escribir. Harold Stevenson, poeta, pintor y realizador, es retratado en fiestas en el hotel Carlysle, con Edie Sedgwick y Paul America en plena familiaridad. Picciotto y Todd Griffin, el compositor de la banda sonora, interpretan una serie de texturas sonoras ambientales que tensan y le dan vivacidad al relato. La velada termina, aplausos, y atajo a Esther Robinson, la sobrina del realizador, para saber más acerca de su historia. Me cita en el Hotel Neruda al día siguiente, y me dice que ella hizo un documental acerca de la vida de su tío, su misteriosa desaparición el día de Acción de Gracias de 1966, y cómo están los sobrevivientes de la Factory a cuarenta años de su apogeo. ‘A walk into the sea’, se llama el documental, que consigo luego en los archivos de Sanfic.

La frigidez de Andy Warhol

Esther Robinson me recibe a la mañana siguiente en el comedor del hotel. Está resfriada y a punto de partir a Valparaíso con su esposo, el productor Todd Griffin que musicalizó los cortometrajes de anoche. La realizadora comenta su documental, en torno al esquivo director que fue su tío, Danny Williams, pareja de Andy Warhol que retrató a la Factory en un instante temprano, antes de que las consecuencias de los excesos se hicieran sentir. En ‘A walk into the sea’, que ganó el Oso de Oro en Berlín el 2007, más premios en Tribeca y Chicago, los entrevistados dejan pocas alabanzas para quien es considerado uno de los artistas más importantes del siglo XX.

Warhol es visto por sus antiguos colaboradores como un ser mezquino, que no dudaba en apropiarse del trabajo ajeno para sus propios intereses y que luego era reacio a pagar. ‘Andy provenía de un ambiente pobre, por lo que sus habilidades de supervivencia eran sorprendentes. No vacilaba en aprovecharse del dinero y el glamour de los hijos de la alta burguesía que llegaban a la Factory, y adueñarse de su creatividad sin pagarles un dólar por ello. Además, era un torturador sicológico cruel que no vacilaba en destruir a quienes le rodeaban, como a Danny, con una indiferencia frígida y agresiva’, señala uno de los asistentes al estudio del pintor.

Williams era, sin embargo, un misterio para todos ellos, siempre estaba ahí drogado hasta el tuétano con su cámara en mano. Sólo sabían que tenía sexo con Andy y que era un trabajador silencioso, incansable y meticuloso, un obseso de la creación.

¿Ésta es tu primera película?

Sí, aunque he estado involucrada en un montón de producciones audiovisuales, y trabajo desde hace siete años en instituciones de apoyo a la creatividad de los artistas experimentales, ésta es la primera vez que dirijo yo misma una película.

¿Qué sabías de Danny Williams?

Muy poco, sabía que estuvo en la Factory, y que probablemente era gay, pero desconocía su obra y su vínculo real con Warhol y el movimiento, que era bastante profundo. Ahora, mi película no es sobre cómo desapareció ni qué pasó con él (si se ahogó o lo mataron). Sino que se trata de ahondar en la parte humana de ese período revolucionario para el arte actual que él vivió, y cómo lo percibió. Además, todo lo que salió luego en los libros, del mismo Warhol y de otros autores, acerca de él, es completamente erróneo, donde se subestima mucho su talento y su persona. Fue casi un asunto de familia reivindicarlo.

¿Muy fuerte la experiencia?

Fue muy duro, fueron siete años. En ellos me gané un cierto número de becas que me permitieron seguir adelante con el proyecto, y me demoré entre entrevistas, recopilación de material, edición...Incluso más difícil que encontrar a los sobrevivientes de la época, fue que quisieran aparecer en el documental.

¿Por qué?

Quiero decir, imagina que tienes veinte años, nunca has estado tan bien, tienes toda la energía del mundo, estás haciendo tu mejor obra, y cada cosa que haces, por pequeña que sea, mientras eres este veinteañero, llega alguien y dice que le pertenece a Andy Warhol. Y luego, durante el resto de tu existencia, todo el mundo te llama por teléfono, y quiere saber acerca de Warhol. Por ello, para estas personas es muy difícil y frustrante. Es trágico. Entonces, me dediqué mucho a ellos en el rodaje. Los mostré en primeros planos de rostros y manos, con mucha intimidad, para romper el hielo de la mirada academicista y experta, lo mío es lo humano: casi puedes adivinar lo que están pensando.

¿Cómo lo hacía tu tío?

Sí, es muy loco. Sobretodo que cuando yo rodaba el documental, aún no veía sus películas. Imagínate cuando entré al cuarto oscuro, de vuelta en Massachusetts desde Nueva York con sus cortometrajes, y vi todas esas caras y manos, fue alucinante. Para todos los que me conocían fue un shock. Nadie podía creerlo, es tan extraño, me preguntaban si era genético.

Gestos y rostros

¿Qué sentiste cuando viste los cortos de Danny por primera vez?

Es divertido, pues empecé a rodar mi documental antes de ver los cortometrajes de Danny. Entonces, yo estaba muy asustada porque no sabía si serían buenos o no. Estaba nerviosa. Mi abuela estaba muy enferma, y yo tenía miedo de que ella muriese antes de que pudiera conseguir las cintas. Fue muy estresante. Cuando al fin las tuve en mi poder, me encerré en esta pieza amplia con una pantalla enorme. Cuando empezaron a correr las imágenes, fue uno de los momentos más importantes de mi vida, como si me estuviera casando o algo así. Me dieron escalofríos: ¡Eran trabajos tan hermosos! Al ser tan experimentales, con toda esta edición conceptual hecha en la misma cámara, verlos era como estar dentro de la mente de alguien, viendo a través de sus ojos. Al mismo tiempo, son imágenes de una ternura muy grande, por lo que es algo muy emotivo. Me he ligado durante toda la vida al cine experimental, y descubrir que alguien que amo, que es mi tío, estuvo en lo mismo, me provoca una reacción muy intensa.

¿Cómo ves los trabajos de tu tío ahora?

Los veo como un mensaje que ha perdurado en el tiempo. Pero la mayor parte de estos mensajes pierden sentido, ya que se remiten sólo a la moda de una época, mientras que siento que la obra de Danny Williams tiene un valor estético que la hace atemporal. Creo que tiene elementos visuales muy innovadores, al mismo tiempo que contiene una sensualidad muy única que supera los parámetros de la mayoría de los cineastas de ajustarse siempre a un mismo marco espacio-temporal, mientras que Danny lo rompe y lo hace difuso. La mayor parte de los artistas de la Factory eran actores, jugaban un rol activo y preponderante, mientras que Danny era un observador. La historia la escriben los actores, o los que dominan la acción, al menos de manera inmediata. Aunque si tomas una distancia de cien o doscientos años, te das cuenta de que comienza a ser escrita por los observadores. Eso implica un cambio, y es lo que me interesa mostrar.

¿Imágenes versus versión oficial?

Lo más impresionante es que en la historia oficial, los participantes de la Factory superan su condición de personas. Son Andy Warhol, con una 'W' mayúscula, o Paul Morrissey, con una gran 'M'. Pero la mayor parte de ellos comenzaron a juntarse en los sesenta cuando eran muy jóvenes, todos veinteañeros. Mi película es sobre las personas en sí, cómo sus vidas cambiaron con este movimiento artístico y en qué están ahora. Las de Williams reflejan un mundo a media luz, con mucho juego de luz y sombra, pero donde puedes ver que eran felices. Lou Reed se ve como un bebé. Danny diseñó la sicodélica iluminación de Velvet Underground, el grupo de este último, eran muy cercanos. Después de 1966, todo se derrumbaría a causa de las drogas y los excesos, pero en 1965 o en el año siguiente, vivían todavía un cierto esplendor inocente.

¿Qué pasó con todos ellos?

Muchos murieron. A mediados de los setenta se fue un grupo a causa de las drogas, y en los ochenta, otros fallecieron a causa del Sida o de ataques al corazón por abusar de su cuerpo durante tantos años con excesos. El problema fue que todos ellos solían tomar muchas anfetaminas, lo que los enloqueció, perturbó o llevó a la muerte. Mi documental es como un gran manifiesto anti-drogas, como mostrándole al público lo que no hay que hacer, lo que ocurre si te sumerges en ese mundo.

Todd Griffin apura a Esther. Ambos están impacientes por partir al puerto, y felices de haber venido al Sanfic. Robinson contesta una última pregunta antes de partir.

¿Qué es Art Home?

Es mi empresa. En los Estados Unidos, la mayor parte de las subvenciones a los artistas se basan en avances de dinero para trabajar y crear una obra. Pero yo me dije: sería mejor permitirles encontrar un lugar donde vivir, y subsidiarles la vivienda para que tengan un espacio para desarrollar su arte. Sin este espacio donde vivir, no llegan a nada, ningún trabajo es posible, y muchos carecen de él.

A la semana siguiente, Lou Reed se presenta en el espacio Riesco. El amigo de Danny Williams y líder de Velvet Underground se ve bien para sus más de sesenta años. Hace un par de apariciones como guitarrista invitado al concierto de su esposa, Laurie Anderson. Luce enérgico, incluso algo cascarrabias, como un abuelo mal genio. Todavía sabe sacarle acordes salvajes y ruidosos a su guitarra eléctrica. Ambos, él y su mujer, montan un show estupendo y experimental, donde prima la crítica a la cotidianeidad, a la automatización del ser humano (que nos volvamos todos robots), al capitalismo desenfrenado y al consumo como satisfacción máxima. Los sobrevivientes de los sesenta, del Pop Art y de la Factory, aún no dan su brazo a torcer.

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