El coraje de José Luis Torres Leiva
Conversamos con el director de El cielo, la tierra y la lluvia, presente en Fidocs 2008 con Ningún lugar en ninguna parte, respecto a su vocación de cineasta y a la fuerza de voluntad con la que ha mantenido una carrera al margen de los circuitos comerciales.
Por Rodolfo García.
Con 33 años, José Luis Torres Leiva ha recibido elogios por su primer largometraje, El cielo, la tierra y la lluvia. Premiada en Rotterdam, Ficco y Corea, la cinta explora una estética visual contemplativa y llama la atención por sus planos largos y fotográficos. Exhibida a 3 copias en Chile, la película obtuvo un reconocimiento por la crítica y una afluencia modesta de público. ¿Decepcionado? “No pretendo hacerme millonario con esto, pero me importa hacer el cine que quiero desarrollar”, comenta el director.
Con tesón y fuerza de voluntad, este comunicador audiovisual de la Uniacc ha logrado consolidar una carrera respetable con empeño. “Trabajo haciendo ediciones de material independiente”, confiesa. Por ello, aún vive en la casa de sus padres y no se ha casado. Los premios y becas le han ayudado en su recorrido, como el del Fondo de Rotterdam o la Fundación Andes. “Con eso me compré mi primera cámara digital, y luego un computador para editar”, detalla. “Mi padre es jubilado del área de ventas; mi madre, dueña de casa. Por eso, me ayudaron en lo que han podido y se los agradezco mucho”, continúa José Luis.
De aspecto tímido y reservado, Torres Leiva es un interlocutor afable que comenta su alergia primaveral y no se molesta al indicarle una y otra vez la dirección de su departamento en Holanda con Pedro Lautaro Ferrer a un periodista que lo llama por celular. El director se presenta como tranquilo y malo para las fiestas. No estuvo en ninguna de las muchas que animaron la noche en el reciente festival de Valdivia donde estrenó en Chile El cielo, la tierra y la lluvia.
Ningún lugar en ninguna parte
Esa misma calma le hizo avanzar en el proyecto de la película, el que comenzó con un guión hace cinco años, y que fue evolucionando a medida que ganaba auspicios y productores en Europa. Al mismo tiempo, desarrolló sus documentales, como El tiempo que se queda, que ganó el Buenos Aires Festival de Cine Independiente (Bafici) el 2007. En Fidocs 2008, José Luis participa con Ningún lugar en ninguna parte, un retrato subjetivo del barrio La matriz de Valparaíso.
¿Cómo te nació la vocación del cine?
Mientras estaba en el colegio, descubrí que existía ‘otro cine’, y quedé encantado. A pesar de no venir de una familia de artistas, en mi casa me apoyaron y estudié audiovisual.
¿Pasabas todo el día viendo películas?
Veía, pero igual era un adolescente normal, con amigos y eso. Tampoco era tan extraño.
¿Qué cine te gusta?
Veo de todo. La verdad me gusta mucho el cine clásico, los westerns. No veo películas pegadas todo el rato, a pesar de que las mías puedan serlo.
¿Qué te parece el cine chileno?
Hay autores que me inspiran mucho, como Ignacio Agüero (El diario de Agustín) o Cristián Sánchez (Tiempos Malos). Creo que les interesa desarrollar una cierta estética que me parece interesante. Por otra parte, los cineastas nos conocemos y nos respetamos entre todos, a pesar de hacer cosas distintas. Hay un diálogo y eso es destacable. Me cuesta entender, eso sí, que todo el mundo esté más pendiente de cuántas entradas cortó su película, en vez de qué película está haciendo.

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