lundi 22 juin 2009
mercredi 27 mai 2009
Tim Hecker| Reseña para Super45| 2007
Tim Hecker - Harmony in Ultraviolet (Kranky)
Discos | Por Rodolfo García | January.11.2007
Luz sónica digital. Tal podría ser la mejor descripción para los sonidos brillantes desplegados en Harmony in Ultraviolet. De ser trasformados en fotones, las partículas de sonido de las composiciones de Tim Hecker quemarían los ojos. La mezcla de un ambient líquido y de elementos saturados tienen una conexión profunda con una cierta intertextualidad. Cada tema se lee entre líneas, con asociaciones libres entre cada elemento sonoro (una capa dejada al infinito, un crujido, un beat dub en los sub-bajos) para crear una atmósfera futurista, un escape hacia una realidad más escondida, menos obvia.
Cercano a Pole y a sus compañeros de sello Panamerican y Loscil, Hecker explora nuevos territorios con aires introspectivos. La portada da cuenta de una reflexión acerca de la historia, la identidad, y las miles de micro-historias misteriosas y entrelazadas que se tejen en este memorial…Víctimas de la violencia sistémica, estatal, organizada, sus rostros podrían ser los de Grimaldi, Guantánamo, Irak. El destino trágico y sin embargo desconocido para el espectador de las personas tras los retratos no es un signo menos potente. Esto ya que se establece una extraña distancia-cercanía con lo que se intuye…el horror.
Harmony in Ultraviolet es un recorrido a través de un vínculo emotivo con nuestros propios procesos sociales, y cómo ellos se moldean en un extraño círculo de intimidad-vida pública. Es, también, una radiografía a nuestros tiempos, desde una óptica postmoderna donde todo relato pierde estabilidad para derivar en lo ambiguo, en lo recordado-intuido a través del fenómeno de memoria colectiva. De ahí los sonidos subyacentes que emergen en extractos como ‘Whitecaps of white noise’ y ‘Spring heeled jack flies tonight’, donde notas en reverberancia se suceden unas a otras como fotogramas.
La deconstrucción informática de Hecker tiene un correlativo directo con una fragmentación de lo que entendemos por información. La saturación de estímulos circundantes es atacada con una saturación auditiva para dejar cada elemento flotando libre al interior de la conciencia. La abstracción compositiva lleva a este estado de cierta iluminación, o de desapego del entorno inmediato para poder sumergirse en dicha burbuja emocional. El álbum debuta con ‘Blood rainbow’, donde se trata de algo más que de capas new age, sino de algo bastante más radical: la sangre y el infinito arcoiris de las existencias.
‘Stags, aircrafts, kings and secretaries’ hace mención a situaciones contemporáneas mientras que ‘Palimpsest’ le roba su nombre a un método de composición poética. Si se pudiese resumir la modernidad post-mediática y post-industrial, Harmony in Ultraviolet sería el soundtrack perfecto para ello.
mardi 26 mai 2009
Alicia Scherson| Historias modernas.2005| Entrevista para super 45
Cine >
| Alicia Scherson: Historias modernas Por Rodolfo García |
De vuelta de Chicago, la ciudad donde estudió y vive a ratos junto a su novio (“mi casa”, señala la cineasta), Alicia Scherson nos concede un espacio en su agitada agenda. Está editando lo que será Baño de mujeres, el cortometraje en el que la rubia María Elena Swett reconsidera su matrimonio durante una hora de encierro en un aeropuerto. La oferta vino de una marca de shampoo y el resultado lo pasó Canal 13.
Nos juntamos en un café de Providencia con Alicia, mientras ella hace una pausa en sus múltiples actividades: vienen más festivales, como el de Miami, al que la autora viajará junto a Aline Kuppenheim (Irene, en Play), y el de Tesalónica (con Viviana Herrera, esta vez). La directora luce en forma para tanto jet lag. Además, tiene nuevos proyectos, anuncia entre el barullo de este concurrido local (el Normandie).
Después del estreno de su ópera prima, la joven cineasta recibió varias proposiciones. En EE.UU. se le acercaron productoras de peso a negociar algún proyecto en camino. La verdad, añade Scherson, ella venía llegando de una especie de maratón tras el esfuerzo de rodaje, y lamenta un poco no haber tenido nada en carpeta. Ahora está viendo una historia en torno a Aysén, donde se han registrado varios suicidios juveniles. La falta de oportunidades, el descampado y supuestas redes de tráfico de drogas estarían entre las causales de posibles crímenes. ¿Estilo Twin peaks? “Sí”, contesta Alicia, “con un afuerino que llega y empieza a descubrir todas estas cosas”. La idea es mostrar lo que se guarda debajo de la alfombra, lo que nadie quiere ver, la rareza que hay en Chile…
Scherson incorpora en Play varios elementos multiétnicos. En su colegio, asegura, había muchos nombres que no sabía de dónde habían salido. Esa faceta de Santiago como una ciudad cosmopolita, donde se mezclan una pluralidad de ascendencias, le interesaba de sobremanera. Así elige a un viejo griego, a una mapuche, a un ruso, un argentino… Hay varias alusiones a la cultura judía en la cinta, como el chiste acerca de la tele en blanco y negro, que es contado por una tía de la directora.
El cementerio donde entierran a Milos es hebreo. Alicia proviene de los judío-rusos que llegaron en 1906-1907. Ha pensado en entrevistar a los que todavía viven. “Mientras queden… son pocos”, acota Scherson.
—La familia de Jodorowsky se vino por esa época.
—¿Ah sí? Me interesa hacer algo con la colonia, por las historias, aunque yo no soy religiosa. De los que llegaron guaguas a principios del siglo XX. Muchos montaron negocios después: Hites…
La música incidental de Play, compuesta por Marc Hellner y Joseph Costa, ganó el premio a la mejor banda sonora en el Festival de Valdivia este año. Los intérpretes se sumaron al lanzamiento de la cinta en Chile con un concierto en el cine arte Normandie. La mezcla de sentidos –vista, por supuesto, pero también olfato, tacto, gusto y oído– es un elemento recurrente en el film. Los personajes (Tristán, Irene, Cristina) comen, viven y aman en todo lo cotidiano de estas acciones.
Envueltos en una ciudad poliforme, ecléctica, disonante, conviven el anciano Milos, una joven enfermera y un hombre abandonado por su esposa. Como marco, un Santiago moderno, contingente; detrás de cámara. Un micro-universo captado desde varios ángulos. El tecnológico, por ejemplo: con I-pods, teléfonos móviles, y el urbano, a través de encuentros, buses, teatros y restaurantes.
Este mundo incorpora realidades sociales distintas, representadas en Cristina y Tristán. Todo el cuestionamiento de su posible unión pasa por un factor de movilidad que es ejemplificado por los distintos lenguajes, modos y vestimentas de los intérpretes. El drama de Cristina, que descubre el universo de la clase alta, es que aunque adopte su exterior, con ropa, maquillaje y peinado, ésta le sigue siendo ajena.
Scherson reconoce que podría haberle restado tensión haciendo una fábula estilo Pretty woman. Pero en esto es más realista (y es lo que le da fuerza a su relato). “¿Tú crees que hay movilidad?”, pregunta con un tono un tanto amargo. “Hay muy poca. Todos estos códigos que toma prestados Cristina, tipo My fair lady, como para aprender a comportarse y todo eso, no sirven”, argumenta la directora.
Alicia Scherson ve su película como una comedia. En Vancouver fue calificada de esta forma. Su debut provocó intercambios de ideas en los foros, tras ser exhibida en Norteamérica. Un elemento que urge en los festivales nacionales, donde todos se quedan callados a la hora de las preguntas, comenta Scherson.
Un beso ritma toda la cinta. Es el momento culmine, el clímax. El resultado de todos estos roces imperceptibles entre los personajes. Un beso inocente al lado de la infidelidad encamada de Kuppenheim. “¿Qué pasaba tras ese beso?”, era la pregunta que animaba a los participantes. “Hasta hicieron una encuesta”, comenta la directora. ¿Cuál de las co-protagonistas se quedaría con Tristán?
El lugar está fresco, afuera el calor de media tarde es intenso. Micros y transeúntes se pierden en la modorra después del almuerzo. Alicia recuerda varias anécdotas del rodaje, mientras su voz se hace apenas perceptible por el jazz del local, pero ríe y se escucha más clara, de pronto. Al ruso lo fue a buscar al centro cultural donde todavía colgaban cuadros del avance soviético, con astronautas…
En el momento del altercado entre el triángulo amoroso, Aline Kuppenheim recibe una cachetada que le da vuelta el rostro. En una de las tomas, al ruso se le arrancó la mano y le pegó de verdad. El diálogo de este personaje era más largo e incluía una historia acerca de un oso y de Siberia. “Usted tiene gran conocimiento del alma rusa”, le dijeron.
“Era un monólogo tras el polvo, en el post-sexo”, precisa Scherson. Los productores lo cortaron, ya que era “tercer acto y la gente está con ganas de resolver”. El borracho que acompaña a Tristán en el bar era tuerto, con un ojo de vidrio. Otro había sido un gordo simpático en el colegio, y ahora era un flaco amargado…
Alicia tenía problemas para terminar sus historias. “Como ese libro de Italo Calvino: Si una noche de invierno un viajero, en el que son sólo comienzos.”, explica Scherson. En Cuba realizó un cortometraje con varias historias entrecruzadas. Todas a partir de objetos y lugares que relacionan a personas distintas, una pareja que se pelea, un niño…
—Los sueños en Play son bastante simbólicos: una relación que se destroza versus una mantequilla que se derrite, una jirafa…
—Sí, me interesaba todo esto de las pistas falsas, los sueños. Tenía ganas de cruzarme con el sueño que fuera más difícil, pero imposible. Eso es lo lindo de los sueños. Es imposible encontrar una imagen vacía, en el fondo. La Eugenia Weinstein me dijo (ella es sicóloga): “Es el poder de los hombres que se está derritiendo, con respecto a la mantequilla. Son débiles como pollitos.”
—…
—Es una representación. Igual del género. Mis amigos son más como Tristán que como el macho viril chilensis. Si tú ves algo interesante de las películas chilenas –no es decir que somos todos lo mismo, porque no lo somos–, si piensas en el Pérez Bannen de Paréntesis, en el Cruz Coke de Se arrienda, Tristán, Néstor Cantillana en La sagrada familia: son todos hombres de unos treinta y tantos, frágiles, que no saben lo que están haciendo, y no todas son películas dirigidas por mujeres. En el reportaje de The Clinic hubo algunos problemas porque lo tomaron solamente por el lado feminista, como todo un statement contra el hombre. Y no lo era. Fue un poquito manipulada la entrevista. Me sorprenden los hombres de todas estas cintas, hasta en el físico. Incluso en el casting los actores tenían parecido, algunos podrían haber sido Tristán, Cruz-Coke quizás no, por la edad…. Me sorprenden los varones de estas películas: no se autoafirman. Generalmente están acompañados por una niña rara, que aparece. ¡Es increíble! No es que nos hayamos puesto de acuerdo… Esas cosas son para mí las más interesantes. Van más allá de lo que ningún periodista que hable del “Nuevo Cine Chileno” se haya detenido realmente a analizar, que encuentro son las más interesantes. Más que hayamos filmado en digital o eso. Ví una película de Ezequiel Acuña, un joven argentino, como de esta generación, que hizo Nadar solo. El mismo día dieron La sagrada familia. Las dos tenían un conejo. Con Play eran tres películas con un conejo el mismo año… Alicia en el país de las maravillas.
—Tristán patea el conejo del mago.
—Se tropieza. No le pega. Pobrecito, no lo dejo ni hacer eso.
—¿Tristán e Isolda?
—¿?
—Los protagonistas toman veneno por su amor imposible…
—En realidad, por Tristán Ulloa, quien quería fuese el personaje. Es el de Lucía y el sexo: una coincidencia, pues terminé trabajando con Andrés Ulloa. Y sí, claro, triste, Tristán e Isolda…
—La alcachofa del inicio. La pareja desintegrada se come una alcachofa. Es uno plato frío, cero pasión, hay que deshilacharlo…
—Descorazonarlo, sí. Se cortó eso sí, los diálogos de cama eran más largos, también.
—¡Un maracuyá, algo que demuestre amor!
—Jajajá. Sí. ¡Una sopita, unos porotos! Los gringos se ríen mucho con la alcachofa. Les parece muy rara. Pero es una flor. Un comestible extraño.
—¿Cómo va la gira de promoción de Play?
—Me queda Miami, Grecia, Tres continentes en Francia…. Y después, espero, La Habana. Estoy cruzando los dedos.
—¿Qué tal el festival de Valdivia de este año?
—Sí, en esta edición se intentó hacer algo más entretenido porque coincidían muchas cintas chilenas. El público se picó mucho porque el jurado les dio pocos premios. Pero el festival demostró una cuota de interés al seleccionarlos a todos y fue súper entretenido: por primera vez estar compitiendo con tus pares y cada noche había una fiesta de lanzamiento de una película chilena. Había una sensación un poco de euforia que creo que igual hay que comprársela, hay que ir con la corriente en eso. Es bueno que la gente se empiece a creer el cuento del cine chileno. Aparte que eran películas súper independientes.
—¿Por financiamiento?
—No, por intención. Mi mejor enemigo, La sagrada familia, Se arrienda, En la cama… Se arrienda me sorprendió mucho, me la imaginaba mucho más comercial. Me refiero a la intención, a con qué espíritu te sientas a escribir o a dirigir. En este sentido respeto mucho todas estas cintas, nadie está haciendo cine aquí como para ganar plata. Se arrienda no sé si la viste, pero la película es difícil, cinematográficamente hablando. A mí me parece Play mucho más liviana que todas ésas. Me han cargado el título de cine arte, pero a mí me parece que es súper pop.
Sonic Youth|Destellos de luz sónica| Dossier-reportaje para Super45
Sonic Youth: Destellos de luz sónica
Artículos | Por Rodolfo García | March.23.2009
Tags: sonic youth
Con tres décadas de trayectoria, el quinteto de Nueva York se presenta por primera vez en Chile el 29 de marzo. Una ocasión perfecta para revisar la carrera de una banda que abrió las puertas hacia nuevas perspectivas musicales y ha sabido mantener la búsqueda sin decaer a través de los años.
“Nosotros funcionamos en base a éxitos probados. Queremos que todo sea plano, sin estridencias”, me dice la directora de una radio FM. Trato de imaginar una vida plana, sin estridencias, y me da vértigo. ¿Equivale eso a alguien que nunca ha sufrido una pérdida, que nunca ha sentido un orgasmo o llorado en su existencia? Qué miedo. Peor aún, imagino a una persona que nunca ha intentado nada nuevo, en un camino sin riesgos.
En la otra orilla, cruzando el puente, sentado en el pasto, un tema de Cat Power suena a través de los audífonos. Tranquilo, pero descarnado e intenso, para dejar mudo a cualquiera. “Me importa lo que piense la comunidad / tienes tanta belleza”. Steve Shelley ayudó a hacer ese disco de Chan Marshall, seguro de haber encontrado una estrella brillante. El baterista de Sonic Youth funciona, además, como un verdadero busca-talentos, el que, lejos del rock, se refugia en cantautores de excepción, los que publica en su sello Smells Like Records.
Mark Eitzel, Lou Barlow, Pavement, Helium, entre otros, se vieron en su momento beneficiados por el apoyo de Sonic Youth. La banda de Kim Gordon (bajo, guitarra, voz), Thurston Moore (guitarra, voz), Lee Ranaldo (g., v.), Steve Shelley (batería) y el reciente Mark Ibold (de Pavement, en bajo) supo mantener desde sus inicios un camino arriesgado que marcó una pauta a seguir para varias generaciones de músicos.
Provenientes de las escuelas de arte de la zona de Nueva York, los miembros de Sonic Youth abordan sus temas con una perspectiva contemporánea que incluye el uso del ruido y el trance para generar estados hipnóticos. En canciones como “Anagrama” y “The Diamond Sea”, el sonido de guitarras afinadas en tonalidades especiales e intervenidas por efectos y objetos (como una baqueta) se vuelve plástico, una textura. En otras, como “Unwind”, las notas parecen levitar, despegándose del suelo gracias a delays, amplificadores a tubos y armónicos, para luego encenderse con una sorpresiva distorsión. El resultado es surrealista y sobrecogedor. Tom Verlaine se refería a esta clase de estados como un rafting auditivo, a través de remolinos y torbellinos, y disfrutar el recorrido.
Sonic Youth - “Mote” (1990)
Cisnes y flores en medio del concreto
Los inicios de Sonic Youth se encuentran en la agitada y contestataria No wave de Nueva York. Una actitud punk de subvertir lo establecido se gesta en distintos artistas que transformaron el ruido y la performance en una guerrilla arty y terrorista, a fines de la década de 1970 y comienzos de la siguiente.
The Swans, Lydia Lunch y Glenn Branca se internan en territorios desconocidos y perturbadores, con una búsqueda del subconsciente y de parámetros arquetípicos de la psique humana. El sexo, el erotismo, la violencia, la revuelta, la imagen y lo subliminal pasan a un primer plano en el que lo fuerte de la experiencia resulta determinante.
Moore, Gordon y Ranaldo se involucran en este movimiento con sus primeros discos y colaboraciones (Thurston tocaba con Branca). “Shaking Hell” de Confusion is Sex (1983, Neutral) refleja este ánimo, con una mirada descarnada sobre la sexualidad (”Sacude tu carne”, grita Kim) y una instrumentación obsesiva que da escalofríos. Lo mismo “Death Valley 69″, de Bad Moon Rising (1985), que rememora al clan criminal Manson, con Lunch en unas voces lúbricas e inquietantes. Esta artista realizaba experimentos como documentar encuentros íntimos con desconocidos en un contexto preparado, además de sus discos e instalaciones.
“Apoyen el poder a las mujeres. Usen la palabra ‘joder’. Esa palabra es amor”, canta Kim Gordon en “Flower”. La saturación social se convierte en otro de los tópicos de Sonic Youth, como lo evidencia “Society is a Hole” (”La sociedad es un agujero”). La influencia del escritor Philip K Dick comienza a hacerse palpable en E.V.O.L, de 1986, el que abre un nuevo camino, más cercano a un pop distorsionado y nebuloso. El espíritu de una ciencia ficción basada en la postmodernidad y lo concreto (canalizada en obras como “Sueñan los androides con ovejas eléctricas” y “Valis” de K Dick) baña el universo compositivo de SY.
En este mundo, existe una voluntad del ensueño (daydream, en inglés), del soñar despierto. Ello evoca un cierto despertar pero, a la vez, la experiencia palpable. Ello en medio de lo urbano, de carreteras, postes de luz y edificios…cómo metabolizar la alienación, en cierta medida. Sister (1987, SST) y Daydream Nation (1988, SST) se encuentran marcados a fuego por esta temática: cómo seguir soñando bajo un gobierno como el de Ronald Reagan.
Este surrealismo a partir de lo visible permanece presente en álbumes posteriores, en particular A Thousand Leaves (1998, DGC) y NYC Ghosts and Flowers (2000, Geffen). Estos retoman la energía de la mejor época de Sonic Youth, la que se había visto pospuesta bajo las presiones comerciales de la David Geffen Company en los que llegarían a ser algunos de sus discos más populares: Goo (1990) y Dirty (1992), más cercanos al rock.
Ello en medio de la avalancha provocada por Nevermind de Nirvana, banda a la que SY promovió y que fichó también para Geffen. De inmediato la industria comercial empezó a buscar bandas para transformarlas en la nueva sensación. Ya con Experimental Jet Set, Trash and No Star (1994), Sonic Youth busca sacarse de encima el fenómeno con un ataque frontal de temas cortos y dislocados, a años luz del sonido grunge, el cual desprecian.
Sonic Youth - “The diamond sea” (1995)
Paz extática
El sosiego consigo mismos para SY llega junto a Washing Machine (1995), un coloso que exhibe nuevamente un sonido intenso y salvaje, gracias a una grabación lo fi como las que añoraba un grupo obligado a grandes estudios y moldearse a lo que ‘se pueda vender’. Conocidas son sus riñas con el productor Butch Vig (Garbage, Smashing Pumpkins) y su intento de domesticación de la banda.
Con una nueva generación de músicos más atrevidos, como Pavement y Sebadoh, Sonic Youth vuelve a las raíces gracias a quienes ellos mismos inspiraron y graba en ocho pistas sus nuevas aventuras sonoras. Estas se apoyan en un arsenal de instrumentos y pedales de efectos (muchas piezas de colección y rarezas), los que llenan un camión entero. Dicho tráiler sería eventualmente robado a fines de los noventa, con la consecuente conmoción de Ranaldo y Moore.
Sonic Youth - “Sunday” (1998)
Con Washing Machine, y luego A Thousand Leaves, SY despliega un rumbo abstracto y experimental, que se acerca por momentos a la libertad del jazz. Por la época, el conjunto se relaciona, de hecho, con artistas como William Winant, un baterista maestro en el arte de la improvisación ‘free’, y con el músico avantgarde Jim O’Rourke, miembro de Gastr del sol, productor de Stereolab y Smog, y agitador noise a través del sello Skin Graft. Tras un disco colaborativo (SYR#3: Invito al cielo), O’Rourke pasa a producir y tocar en Sonic Youth.
El genio de Chicago se traslada a Nueva York, donde trabaja día y noche junto a la banda en discos como NYC Ghosts & Flowers, Murray Street y Sonic Nurse. Ubicado en la zona 0, O’Rourke –noctámbulo reconocido-se despertó en el estudio en medio de una nube de polvo tras el ataque a las Torres Gemelas. La década del 2000 trae la consagración para SY, con un público sólido y fiel, más uno mucho más joven que es el que llena clubes para ver a TV on the Radio o Yeah Yeah Yeahs. Hype y sofisticación se unen para la juventud sónica, quienes se mantienen vigentes y a la punta del movimiento indie tras décadas en el camino.
Una curiosidad divertida es la compilación de ‘grandes éxitos’ que editó el Starbucks Café hace un tiempo atrás, llamada Hits are for Squares, con una selección a cargo de distintos artistas y personajes de la industria, como Radiohead, Beck o Flea. A pesar de ello, Sonic Youth no logra cuadrar con Geffen, y a menudo se sienten frustrados ante la respuesta de una cierta audiencia snob. Los llaman los ‘Fauxhemians’ y se refieren a ‘falsos bohemios’, o jóvenes que gracias a su privilegiada posición social buscan revivir el espíritu de los beatnicks (Burroughs y Ginsberg) en el Soho y el East Village, algo que ahora cuesta una fortuna, al revés de estos próceres que crearon sumidos en la pobreza.
Rather Ripped (2006) es el último álbum de SY para la multinacional, tras lo que han vuelto al mundo independiente (ellos formaron parte del legendario sello SST que reunía a Black Flag, Husker Du, Minutemen y Dinosaur Jr). Ahora, el fichaje ha sido para Matador, y el nuevo disco, The Eternal, será publicado el 9 de mayo. Mark Ibold de los disueltos Pavement es el nuevo bajista de la banda (viene con ellos para el show del Arena Movistar y toca en The Eternal), tras la partida de Jim O’Rourke. “Estaba cansado, y sentía que no había cumplido sus expectativas en Sonic Youth. Ahora vive en Japón y quiere ser cineasta”, confiaba junto a una copa de vino su amigo Bill Callahan el año pasado en Santiago.
El resto de la banda sigue adelante, motivados. La oxigenación en diversos proyectos personales ha sido calve para ello. Thurston dirigía un fanzine para luego armar su sello de noise y avant llamado Ecstatic Peace, además de improvisar en vivo con otros músicos y de sacar trabajos solistas como su reciente Trees outside the academy. Steve Shelley tiene Smells Like, donde edita a artistas de folk y punk como Two Dollar Guitar, Sentridoh, Christina Rosenvinge y Blonde Redhead, y es un amante de la poesía (un reconocido fan de Pablo Neruda).
Kim Gordon diseña ropa de alta costura y Lee Ranaldo es también poeta, escritor e instalador, además de un viajero que ha ido hasta Tánger en la huella de Burroughs, a conocer a los misteriosos músicos tribales conocidos como los Yayoukas, buscando nuevos timbres y ritmos. Ligados desde sus inicios al mundo del arte contemporáneo, este año se abrió una muestra itinerante de trabajos gráficos relacionados a Sonic Youth, que recorre París, Nueva York y distintas galerías y museos en Estados Unidos y Europa.
Sonic Youth - “Bull in the heather” (Letterman live, 1994)
Discografía recomendada
E.V.O.L. (1986, SST)
Este es uno de los discos más enigmáticos de Sonic Youth, donde el grupo canaliza la energía caótica de sus inicios en un estado más depurado, sin perder la intensidad del ataque. Los largos trances catárticos se convierten en canciones misteriosas y descarnadas acerca de la sexualidad (”Starpower”), el starsystem y la cultura pop (”Madonna, Sean and Me”), la adolescencia (”Tom Violence”), el agitado mundo interno, la imagen y el deseo (”Secret Girl”, “Shadow of a Doubt”).
Con un lenguaje misterioso, que apela a los sentidos y el transcurrir síquico, E.V.O.L. se sustenta en melodías hipnóticas que muchas veces acompañan las letras a modo de una banda sonora que genera una intencionalidad propicia. La desorientación es un elemento esencial para lograr sonidos que impacten de manera sicológica al auditor, a través de un viaje, de un rafting sonoro.
E.V.O.L. es el primer disco de Sonic Youth junto a su actual baterista Steve Shelley, y condensa lo mejor de la carrera de la banda hasta entonces, planteándose de manera cómoda en territorios inexplorados, sin temor a extraviarse (”La vida acaba de empezar”, cantan en “Bubblegum”).
Daydream Nation (1988, SST)
Aparecido durante el fin de la era Reagan, Daydream Nation cimenta el paso de Sonic Youth de los círculos arty y underground hacia una exposición mucho mayor. Una buena síntesis de sus experimentaciones durante su primera década de existencia, este álbum posee un estilo sofisticado y espacioso. La banda condensa sus temáticas favoritas en un disco concepto acerca de cómo soñar despierto en una época para nada generosa. La realidad misma, metabolizada y reconstruida, es el punto de partida para aquello, a través de una postura que involucra lo político, el erotismo, la duda, los procesos y conflictos sicológicos, y la pérdida de sí mismo.
Este manifiesto post modernista va aún más allá en la lógica de Philip K Dick y su deconstrucción de lo actual en nuevas formas, algo iniciado en Sister de 1987. Adornado por el recogimiento y la fragilidad de dos cuadros del pintor contemporáneo alemán Gerhard Richter, Daydream Nation se plantea desde ya como una obra maestra. Aquí yace un trabajo que había venido incubándose durante años de ensayos y errores hasta llegar a una alquimia precisa.
Washing Machine (1995, DGC)
Tras la firma con Geffen en 1989, Sonic Youth se había visto envuelto en un sonido más rock con discos como Dirty (1992) en parte debido a una producción y mezcla impuestas por la compañía. El grupo siente que pierde en parte la dirección de sus álbumes, por lo que decide volver a las raíces con Washing Machine, un largo grabado en 8 pistas –un insulto a la alta fidelidad de las mesas de 32 canales de los grandes estudios- que se basa en improvisaciones y en el dejarse llevar, como lo evidencia el titánico “The Diamond Sea”, que se expande en casi 20 minutos de abstracciones sónicas.
Washing Machine es un interesante collage de impresiones acústicas que no decae en ningún momento, desde “Becuz” hasta el final, pasando por los sorprendentes y conmovedores “Unwind”, “Little Trouble Girl” y “Skip Tracer”. En esta línea, y aún más exploratorio, A thousand leaves (1998, DGC), el álbum siguiente, es otro coloso a tener en cuenta, ya que es un digno sucesor de este clásico.
SYR #1: Anagrama (1997, Sonic Youth Records)
Cansados de las restricciones de marketing de la David Geffen Company, las que hasta entonces regían la extensión y riesgo de los temas, Sonic Youth lanza un sello para editar los vibrantes ensayos de su época post Washing Machine, los que por su sonoridad y tiempo quedan descartados para cualquier edición con su compañía oficial.
En este disco, reaparece una mayor voluntad de dejarse llevar por las ideas melódicas a lo largo de improvisaciones que restauran el uso primitivista del ritmo y una utilización más radical del ruido. Este se incorpora como textura, como un recurso plástico y auditivo, en particular en “Mieux: de corrosion”. El énfasis recae en este juego con los sonidos (armónicos o disonantes) y el trance, ya que los textos y voces están ausentes en esta edición.
Los coqueteos rock de Dirty y Goo mutan en una búsqueda más avantgarde, cercana a tendencias pictóricas como el expresionismo abstracto, a través del tratamiento libre de cada composición, en la forma en que lo hace el jazz. Se nota la influencia de Tortoise y Gastr del Sol, quienes con sus técnicas de dejar ir sus temas en narrativas instrumentales que incorporaban elementos del ambient y el minimalismo, marcaron una nueva pauta a seguir. “Anagrama”, que abre este mini álbum instrumental, es la canción que mejor refleja este estado de ánimo, en 9 minutos y medio de luz sónica y paz extática.
Sonic Nurse (2004, Geffen)
Tal vez uno de los discos más accesibles de Sonic Youth, la “enfermera sónica” combina experimentación y pop, lo que equivale más bien a disfrutar de un paseo sembrado de cálidas sorpresas y desconcertantes turbulencias. La sensación de escuchar los distintos timbres de los instrumentos impregna cada tema, el cual parece buscarse a sí mismo en nuevas vías de desarrollo y dejarse llevar en oleadas de torbellinos de acordes y distorsión.
Del mismo modo en que Joseph Beuys integra elementos como la miel (dulzura) o la corrosión (moho, óxido) en sus trabajos, Sonic Youth oscila entre pasajes conmovedores y otros más incisivos, en una montaña rusa emocional.
Sobresalen “Unmade Bed”, “The Dripping Dream” y “Stones”, en un set que incluye, por última vez, a Jim O’Rourke como productor y parte de la banda (bajo, loops, samples). El ex Gastr del Sol ayuda a cuadrar al grupo y resaltar lo que hizo su fama en sus discos clásicos de la mitad de los’80. Más arriesgado y con una mayor riqueza compositiva que Rather Ripped, el elepé siguiente, Sonic Nurse combina lo mejor de los logros de Washing Machine y E.V.O.L.
Lee Ranaldo ofrece, como siempre, uno de los mejores cortes del disco en “Paper Cup Exit”, mientras que Kim Gordon se agita en “KG and The Arthur Doyle Hand Cream”, y Thurston Moore cierra el álbum en majestad con “Peace attack”.
Sonic Youth| Washing Machine| Reseña para Super 45
Sonic Youth - Washing machine (Geffen)
Discos | Por Rodolfo García | October.15.2008
Tags: sonic youth
Publicado en 1995
Washing machine representa una nueva era para Sonic Youth. Luego de una época de gloria con la trilogía compuesta por EVOL (1986), Sister (1987) y Daydream nation (1988), la banda cierra su contrato con la icónica disquera punk SST (Black Flag, Minutemen, Dinosaur Jr) e ingresa a las ligas mayores en el sello Geffen con Goo (1990), un disco considerado frío por el grupo y sus fans, ya que perdía la espontaneidad característica con una sobre producción en estudio.
El cuarteto integrado por Kim Gordon (bajo, voz), Thurston Moore (voz, guitarra), Lee Ranaldo (voz, guitarra) y Steve Shelley (batería) tiene problemas en hacer cuadrar sus dislocadas melodías experimentales y pop con las expectativas financieras de la compañía discográfica, más aún cuando recomiendan a sus amigos de Nirvana al sello y se produce una revolución musical que no se había visto desde los Beatles, con la edición de Nevermind en 1991.
Los roces con el productor que elige Geffen, Butch Vig (Smashing Pumpkins, Nirvana), y con el ingeniero de sonido Andy Wallace (Pantera), se tornan irreconciliables. La banda siente que en Dirty (1992), la presencia de estos personajes los hacen perder identidad y “mastican" su sonido para las grandes audiencias, más aún cuando notan que en vivo suenan mejor que nunca y que eso no se refleja en los discos. Como resultado de este proceso, rechazan cualquier acercamiento al grunge y lo “alternativo", tan de moda a principios de los ‘90. “No nos interesan Soundgarden o Smashing Pumpkins, no creo que sean realmente alternativos. Deberías escuchar a Pavement y Sebadoh", aseguró Kim Gordon en una entrevista durante 1994 en el canal francés M6.
El fruto de esta comezón incómoda con el mainstream será Experimental jet set, trash and no star (1994), un disco que si bien debe cederle las consolas nuevamente a Butch Vig, encara el desafío con algunos de los temas más ruidosos y radicales de Sonic Youth en muchos años. Los gritos al estilo de Boredoms en “Screaming skull", la hipnosis misteriosa de “Bull in the Heather" y el pop destructivo de “Self obsessed and sexxee" revitalizan la banda y le devuelven todo el poder de sus mejores tiempos, como en Bad moon rising (1985) y EVOL. Este álbum tendrá dos o tres presentaciones en sociedad, ya que Moore y Gordon han encargado a su propia ‘joven sónica’, que nacerá meses después del lanzamiento de Experimental jet set…, su hija Coco.
El hecho de ser padres y de conformar un hogar, más la pérdida de seres queridos, como su amigo Kurt Cobain (¿Es Sonic Youth la banda de amigos de Cobain en Last Days de Gus Van Sant?), hacen que Washing machine sea un disco definitivamente diferente. Al mismo tiempo es una catarsis de todas estas vivencias confusas y perturbadoras, y posee una calidez de canción de cuna (“Unwind", por ejemplo), inédita en los inicios ásperos del conjunto. Una canción de Sonic youth podía ser una experiencia a meditar, como las películas de David Lynch, mezcla de erotismo, violencia y muerte, pero ¿ternura? Tal vez sólo en el tema que cierra Experimental jet set… se note esa vuelta a la infancia, a los primeros afectos, pero en Washing machine, con temas como el hawaiano “Little trouble girl" –de una adolescente que desafía la tutela materna y se lanza de lleno en la experiencia de la pareja-, esto se hace claramente presente.
En lo musical, la banda se torna hacia el lo-fi con el productor John Sitek (Cell), provisto de una mesa de sólo ocho pistas, y se deja absorber por la influencia de la nueva camada indie de Matador Records (sello que acaban de escoger para sus nuevos trabajos), tales como Yo La Tengo, Pavement y Helium (estos últimos dos escogidos como teloneros por la juventud sónica tras lanzar Washing machine). El sonido del kraut rock, mezclado con shoegaze y noise pop darán como resultado las composiciones casi lineales del nuevo álbum, dejando atrás los intentos de formato canción de las ediciones anteriores.
El hecho de grabar en el Easley Recording Studio de Nueva York, en la misma época que Kim Deal (invitada a cantar junto a Sonic Youth en el disco), Pavement, Guided By Voices y Wilco, le dará un nuevo giro a las sesiones. Para evitar cualquier groove o funk, el grupo de Thurston Moore obvia los bajos y Kim Gordon pasa a ser una tercera guitarra, aportando nuevas texturas. Esto deriva en jams ruidosas como la de “No queen blues", o el abstracto final de “The diamond sea???, donde todo se difumina, a la manera en que My Bloody Valentine realiza experimentos de treinta minutos de bulla ambigua y ensordecedora en sus versiones en vivo de “You made me realise". También se siente esto en las interpretaciones vocales extremas de Kim Gordon, en temas como “Panty lies", donde la repetición se vuelve obsesiva, como en una suerte de teatro psicológico.
Además, Lee Ranaldo vuelve a sacar a voz, y entrega canciones brillantes que incorporan su faceta de poeta post beatnik (admirador de William Borroughs) -expuesta en sus álbumes como solista y performances individuales-, como “Skip tracer?" y “Saucer like". Hay tiempo hasta para pasajes ambientales, como en “[untitled]", que retoma el tema que abre el disco, “Becuz", en clave instrumental. “The diamond sea" cierra el disco con majestuosidad, convirtiéndose en uno de los temas clásicos del grupo. Con todo, ¿Es Washing machine el gran disco que lanza a Sonic Youth de la adolescencia a la adultez? Es posible, así como que su influencia va mucho más allá de lo que se cree. De manera subterránea, eso sí.
mercredi 13 mai 2009
Columna Beijing 08-Alemania 36 para Paula| Julio 2008
Beijing 2008, Alemania 1936
Por Rodolfo García.
Tras la última noticia de las recomendaciones del gobierno chino frente a las preguntas de qué puede hacer y no su población a los visitantes extranjeros (respecto a su religión, sexualidad, entre otros temas), y viendo los códigos de comportamiento que China le impone a sus habitantes (no empujar en los estadios, no escupir, no gritar) resulta inevitable no acordarse de los oscuros presagios del británico Georges Orwell en su libro 1984. En esta obra de anticipación sociológica, el inglés vaticinaba una sociedad que controlaba cada paso, acción y pensamiento de sus ciudadanos -‘El gran hermano’-, en pro del bienestar común.
Algo similar ha hecho China, que ha bloqueado por momentos los accesos a Yahoo y YouTube, y censurado Wikipedia y Google -según la revista Times-, para que sus ciudadanos no accedan a la información de las últimas matanzas en el Tíbet, en marzo de este año, las que dejaron centenares de muertos. Entonces, resulta legítimo el cuestionarse por qué el comité olímpico internacional elige un país totalitario con claras violaciones a los derechos humanos como sede para el certamen mundial de las Olimpíadas. De la misma forma que parece absolutamente contra natura que Alemania, en plena histeria nazi y hitleriana, lo haya sido para los mismos juegos en 1936.
¿Acaso China no oprime a los tibetanos? Desde que la armada revolucionaria invadiera la región en 1950, la violencia hacia sus habitantes no ha sido menor. En 1951 fueron obligados a firmar un tratado para renunciar a su autonomía. En 1960, se calcularon 90 mil muertos por la represión del gigante asiático hacia los distintos intentos de levantamiento. Y en 1994, la comunidad en el exilio residente en Suiza calculó 1,2 millones de muertes desde la anexión china.
Las muertes no son sólo humanas. La revolución cultural china se propuso eliminar todo rastro de la religión que este pueblo practica: el budismo tibetano. Más de seis mil templos fueron destruidos durante el movimiento de dominio cultural de los comunistas chinos en los años sesenta. Tan sólo este año, durante el levantamiento de marzo en la zona de Lhasa, el gobierno del Tíbet en exilio en India contabilizó más de cien muertos, mientras que Beijing dijo que sólo habían sido diez. La gota que rebasó el vaso habría sido el maltrato de los ocupantes hacia los monjes. China tampoco quiere que nadie le recuerde sus errores. Un ejemplo, ha declarado persona non grata a todos los artistas, como Bjork, Beastie Boys y Sting, por nombrar los más famosos; que han reivindicado los derechos de esta nación invadida.
‘La historia no nos enseñará nada’, proclamaba Sting en su canción History Will Teach Us Nothing, de 1987. Y al parecer tiene razón. Con el hecho de realizar las Olimpíadas en China, el mundo entero está legitimando un régimen censurador y opresivo, contrario a los principios de libertad que se han instaurado en el mundo contemporáneo desde la Revolución Francesa. Es más, la economía en su conjunto lo está haciendo a través de sus sponsors. Coca Cola, Kodak, General Electric, Johnson and Johnson y Mc Donald’s muestran una suerte de país ideal donde todo funciona perfecto. En sus campañas exhiben al enorme coloso chino como una nación próspera, con un inmenso poderío económico. Es obvio que priman tremendos intereses para estar ahí. No es fácil, en su caso, decir que no al país de los mil millones de consumidores. Tanto así que hacer la vista gorda sobre actos criminales no cuesta mucho.
No son sólo ellos. Los millones de espectadores que seguirán Beijing 2008 serán cómplices tácitos de una dictadura totalitaria que ha matado a millones y que, desgraciadamente, lo sigue haciendo. Las organizaciones de derechos humanos han llamado a boicotear los juegos, a no comprarle productos a las compañías que ofrecen su dinero a este macabro espectáculo, y en última instancia a no ver los juegos para no darle rating a la televisión y sabotear la maquinaria. ¿Acaso nunca imaginamos cómo nos hubiese gustado evitar el genocidio judío, lo repugnante que era ver la abulia del mundo entero frente a los atropellos de Hitler en 1936? ¿No estamos haciendo lo mismo con nuestra apatía y nuestra comodidad por ver un show de entretenimiento? ¿Puede este último afán de diversión más que las vidas de personas subyugadas?
La presunta occidentalización del país oriental esconde a un pueblo militarizado, con una censura centralizada por el partido único en el gobierno, cuyo crecimiento económico es proporcional a la explotación de una mano de obra barata y reducida a la miseria. ¿O los bajos precios no son el incentivo para que los especuladores inviertan allá?
Una vez más, la humanidad se presenta como vergonzosa al hacer oídos sordos al sufrimiento de un país al que le están lavando el cerebro, y cuyos intentos por abrir los ojos han culminado en matanzas como la de plaza Tiananmen. Con esto se demuestra que para dominar, el sistema totalitario no duda en disparar a sus propios hijos, a su propia sangre. Todos irán a la fiesta, del mismo modo en que todos concurrieron al festín de Adolf Hitler ofrecido en Berlín en 1936. Ambos, el partido comunista chino y el nacional socialista tenían sus razones escondidas para considerar a judíos y tibetanos como una raza inferior, a pesar de que tras ese odio racial, subyace sencillamente el más puro y mezquino interés. Por un lado, los judíos poseían las mayores fortunas de Europa, lo que le permitió a Hitler llenar las arcas fiscales al requisarlas. Por el otro, el Tíbet posee una de las mayores reservas mundiales de uranio. China estableció en los sesenta su centro de investigación nuclear del noroeste en la provincia de Qhingai en territorio tibetano, donde se diseñó la mayor parte de los misiles atómicos del país. La extracción del mineral radioactivo perdura hasta hoy, con polémicas medioambientales por el peligro de los desechos para el ecosistema de la zona. El uranio es mejor que el dinero porque es una fuente de energía nuclear y un inmenso arsenal para fabricar armas atómicas. En ambos casos, el planeta entero prefiere desviar la mirada.
¿Qué hacer? ¿Ver los juegos, comprarle a Mc Donald’s, a Kodak, y a los demás sponsors? Quién sabe si las políticas de castigo surgen efecto. Lo único que se me ocurre decir es que estas Olimpíadas son una vergüenza, que todos correrán a comprarle caramelos al asesino y que dará lo mismo que al lado estén matando a patadas a alguien. Nos hemos acostumbrado al dolor ajeno. El horror nos resbala.
Informe folk para Paula| agosto 08
Explosión folk: mujeres al poder
(o Por qué el neo folk femenino es la mejor música del momento)
Por Rodolfo García.
Si alguien me pregunta cuál es el sonido para escuchar en estos días donde todo hace ruido -la prensa, los autos, los avisos comerciales, la gente en los supermercados- le respondería sin titubear que el nuevo folk femenino. Cansado de la maquinaria industrial que nos rodea, estas cantantes representan un oasis de paz en medio de lo que los sicólogos gustan llamar ‘la carrera de ratas’. La verdad es que no quiero carreras, sino enamorarme platónicamente de alguna vocalista cuyas canciones me recuerden que aún soy humano y no un robot. Que me estremezcan y me sorprendan con su poderosa intuición musical, que me hagan descubrir universos insospechados y sentimientos hermosos a partir de un par de notas.
Tal vez me gustan porque pertenezco a la generación del outdoors, del té con miel, a la que le gustan los gatos. No lo sé. El hecho es que no puedo dejar de escucharlas una y otra vez, y siempre quiero volver a sus voces para dejarme seducir por sus encantos de sirenas. Por favor, no hagan como Ulises y no me aten al mástil. Quiero lanzarme de lleno en su océano sónico y acogedor, perderme en las olas, y ahogarme en su perfección para no volver más a este sucio mundo contaminado por las decisiones erróneas de demasiados hombres. Bórrenlos del mapa y pónganlas a ellas, las artistas, a dirigirlo. De seguro será un lugar mejor donde vivir.
¿Por qué? Porque se trata de mujeres sensibles que han renovado el panorama musical gracias a su perspectiva delicada y profundamente femenina. Gracias a ellas, vanguardia no es sinónimo de abstracción y ruido, sino que de arte emotivo, sincero y despojado. Tara Jane O’Neil, Julie Doiron, Marla Hansen, Shara Worden, Ellinor Brixt y Juana Molina se han encargado de cambiarle el rostro a la música contemporánea con sus melodías sencillas, que muchas veces se valen sólo de la voz y de una guitarra para crear atmósferas cálidas.
“Es como estar sentado en una vieja mecedora al lado de la ventana, con una tasa de té en la mano y el gato en tus faldas”, señala la bella Marla Hansen respecto a sus canciones. Ella toca con tan sólo una viola, instrumento que aprendió en la infancia y perfeccionó en la universidad, y canta con una voz tan suave que le ha valido ser parte de la banda en vivo de los talentosos Jens Lenkman y Sufjan Stevens, dos de los mejores cantautores del momento. Con pocos elementos, Marla Hansen es capaz de embelesar a quien la escuche, los que quedarán hipnotizados cuales sierpes encantadas por una flauta.
Algo similar ocurre con la joven Ellinor Brixt, quien forma parte del sofisticado dúo Bobby and Blumm -junto a FS Blumm, estrella de la electrónica alemana-. Sus armonías vocales susurrantes le deben tanto a la bossa nova como al pop de avanzada de Juana Molina y de Nico, la modelo cantante de los Velvet Underground, y podrían dejar suspirando hasta las piedras. El debut del dúo: Everybody Loves Bobby and Blumm, tiene vueltos locos a los críticos y a la prensa especializada. A continuación, un tema grabado en un lugar de ensueño, casi irreal: el tren que va de Bari a Capri, en Italia.
Tara Jane O’Neil es todo un enigma. Es una artista visual que posee libros de sus obras editados en Japón, realiza constantemente exposiciones en los circuitos más cool y alternativos de Estados Unidos y es una de las mejores exponentes del folk. A punta de ensayos y errores, Tara Jane ha aprendido a grabar sus melodías, hasta llegar a un sonido propio y totalmente inusual, el que parece salido de un sueño. Aquí, su video para ‘A room for these’:
Julie Doiron ganó alguna vez el premio a la mejor cantante canadiense. Salida de los ruidosos y punk Eric’s Trip, Doiron se dedicó luego a canciones tranquilas y emotivas, respecto a su maternidad y a su relación de pareja, las que son capaces de derretir la nieve invernal de su frío país. Ella posee una de las mejores voces de su generación, y un talento innato para escribir temas salidos del alma. Sus videos los produce su esposo Jon, quien es fotógrafo. Aquí, el clip para ‘Dance Music’:
Shara Worden es la actual reina de la vanguardia neoyorquina. Gracias a sus estudios de canto clásico y ópera, ella ha podido imprimirle un sello muy personal y bien acogido a su proyecto My Brightest Diamond, uno de los más destacados grupos del momento. Con un romanticismo intenso, sus canciones provienen definitivamente de otro mundo, ése descrito por Baudelaire: ‘Querida, vámonos para allá donde todo es orden y belleza, lujo, calma y voluptuosidad’. Si me preguntan por la mejor música proveniente del paraíso perdido, la respuesta será My Brightest Diamond. Aquí, la prueba fehaciente: la canción Dragonfly, con un video grabado en el Central Park.
Last but not least, la gran exponente sudamericana del neo folk, la única artista argentina capaz de conquistar los corazones más conocedores de Inglaterra: Juana Molina. La diva rara estuvo el año pasado en un grandioso recital en el Teatro Oriente, y logró cautivar al público con sus extrañas y bellas melodías, generadas a partir de armonías circulares e improvisación. Aquí, un recuerdo de esa noche inolvidable: El Perro.
- ¿Encantadoras? Revisa estos links:
Julie Doiron: www.myspace.com/juliedoiron
Marla Hansen : www.myspace.com/marlahansen
Juana Molina: www.myspace.com/juanamolina
Elllinor Brixt: www.myspace.com/bobbyandblumm
Tara Jane O’neil: www.myspace.com/tarajaneoneil
Shara Worden: www.myspace.com/mybrightestdiamond
La quetrófila| reportaje para Paula| agosto 08
La Quetrófila: Literatura femenina sub 26
Por Rodolfo García.
¿Qué es La Quetrófila? Nadie lo sabe bien. De hecho sus fundadoras, tampoco lo tienen claro. Valeria Tentoni, Marian Lutzky y Ximena Venturini se contentan con explicar que por lo menos es ‘la’ y no ‘él’, el nombre de la revista independiente trimestral que lanzaron en diciembre de 2007, y que vinieron a presentar la semana pasada al encuentro En Medio de la Cordillera, organizado por los poetas chilenos Víctor López, David Bustos y Ángel Valdebenito, en el Observatorio de Lastarria.
Este grupo de tres estudiantes universitarias de la provincia de Buenos Aires abrió un concurso en su blog para que el público decida qué significa este neologismo. Para que se atrevan a equivocarse, a decidirlo. Para que se abran a jugar con las palabras, como ellas mismas lo hacen a diario para crear mundos, sensaciones e historias que van entramando al ritmo de la escritura. Valeria, Marian y Ximena escriben como respiran y se perfilan como la nueva promesa de la narrativa argentina. Ser mujeres y escritoras no es signo de frivolidad para ellas –como podría serlo para la autora de Sex and The City–, y están dispuestas a demostrarlo a través de versos y cuentos que difunden en su revista y en los distintos blogs que participan.
La Quetrófila se edita a 500 copias blanco y negro con una estética indie flagrante, y se distribuye en quioscos y circuitos de lectura y difusión, como la Feria del Libro Independiente de Buenos Aires. Sus creadoras, además de ser rigurosas con los artículos de su autoría que publican, escogen con pinzas las colaboraciones, como los textos inéditos de escritores como Daniel Link, redactor de Página 12, y Federico Levin.
Ximena Venturini trabajó tres años en la Fundación Borges y estudia Literatura junto a Marian Lutzky, quien dicta talleres de incentivo a la lectura para niños. Al equipo de redactoras –completado por Laura Lattanzi, que se encuentra becada en España– se suma la estudiante de Derecho Valeria Tentoni, que es la directora, además de la ilustradora Mariana Sabattini y la diseñadora María Bianco. Ninguna sobrepasa los 26 años. Con una vitalidad digna de su juventud, ellas financian su publicación a punta de fiestas en centros culturales bonaerenses y, últimamente, con el auspicio del Periódico Nexo de Bahía Blanca.
Indie femenino
Las quetrófilas se mueven con desplante en un mundo esencialmente masculino, dominado por revistas independientes como Esperando a Godot. ¿El secreto? Una pauta que incluye temáticas fuertes con la que lograron atraer la atención de la prensa cultural trasandina, que las incluyó dentro de la narrativa joven con el apodo de ‘Generación Nubeluz’.
En vez de dedicarse a actividades donde la mujer tiene un espacio más reconocido, como pintar o ser cantantes, Valeria, Marian y Ximena decidieron fundar un movimiento literario basado en las distintas realidades que ellas van experimentando día a día, y ponerlo en marcha a partir de la autogestión. “No encontramos un lugar en la cultura conservadora que se ubica en las librerías. No nos ponen en la vitrina, por eso preferimos los circuitos under“, cuenta Marian. “Y hay toda una movida independiente en Buenos Aires, en la que nos entusiasma a participar”, agrega Valeria.
Tras los pasos de las poetisas Alejandra Pizarnik y Alfonsina Storni, este grupo tiene sed de expresar su propia visión del mundo. Valeria explica: “La sensualidad en poesía, me parece un elemento interesante de manipular en el exceso. Correr siempre el margen; intentar, una mayor fidelidad de la experiencia sensual real, que siempre es y existe en lo inenarrable, desprovista de lógicas. Por eso me es más atractiva en poesía que en prosa. Abusar del límite, conociendo de antemano la derrota. Ser terca en esta voluntad de aprehensión de lo inefable. Por eso digo que soy una gran estúpida, una perseguidora eterna de la palabra, siempre en desventaja”.
En La Quetrófila, lo femenino aparece descarnado, inquieta, molesta. En este texto, Tentoni aleja cualquier sentimiento y cuestiona lo masculino: “Y ahora, voy a soñar pensando en clavarte/una cuchilla enorme como el zaguán en el que me llamaste/Valeria/Me llamaste Valeria/Como si de mí fuesen a salir petalitos/¿con qué derecho repetías mi nombre?”.
Heroína en Lastarria
En la lectura que realizó en el Observatorio de Lastarria, Valeria Tentoni terminó con la voz quebrada. Leyó su historia ‘La Proyección del desastre’, en la que narra la decisión de Julia y su novio de interrumpir su embarazo, y su camino al médico. “Lloraron en silencio. Marcos tomó el abrigo y la cubrió. La abrazó y caminaron juntos hacia la puerta, con paso arrastrado, como si anduvieran descalzos y el suelo no fuesen baldosas sino muérdagos, espinas, y no les alcanzara con este horror, no era suficiente este dolor. Es que imaginaban menos terrenal el infierno. El viento cerró la puerta por ellos, con bestialidad”.
De las tres quetrófilas, ella es la única que no estudia Letras, sino Derecho, y que viene del sur y no de Buenos Aires. Sus textos son una explosión de imágenes en un juego constante con las palabras y se pueden leer en su blog Working Class Heroine y en Cuidado con esa silla, que mantiene junto a Marian. Con un estilo franco y espontáneo, Valeria se libera y metaboliza sus vivencias con una profunda femineidad. “Me das náuseas idiota,/ jamás me dio algo más náusea que ésta./Arcadas tengo,/me desvencijaste./Arruinaste lo que me restaba de insomnio”, escribe en Declaración Pública de Odios. Este poema termina con un humor refrescante frente al conflicto hombre-mujer: “Al que no me miró en el cine, no me miraste, idiota./Al apático./Al común,/ sobretodo al común, aunque reconozco, era el más amable./Al infeliz, feliz de serlo./¡A mí, muchachos, a mí!”.
-¿Narras lo que vives?
Soy una gran observadora, es uno de mis pasatiempos preferidos. Quisiera verlo todo, vivirlo todo, para contarlo. Me gusta inventar personajes desde la experiencia, pero siempre agregarle exageraciones o reservas. Entonces todo funciona como una conjunción: la vivencia como disparador y la imaginación como herramienta des-ordenadora.
-¿Cuánto te expones?
Creo que la poesía, por lo menos en mí, tiene dos espacios: uno público y uno privado. El público, claro, es el escrito, el impreso, el declarado. El privado prefiero no develarlo. Reviso mucho las palabras que escribo, y son ésas, y no otras, las que quiero verdaderamente decir. El resto, me lo reservo. De algún modo, el poeta ya dice demasiado cuando escribe; ya está corriéndose del límite de lo privado; ya hay una desnudez, una exposición insolente, un atrevimiento. Reclamarle más palabra a la palabra sería, por caso, una torpeza.
-¿Quiénes te inspiran?
Las lecturas que me han marcado son varias. En principio, las lecturas de textos infantiles cuando era chica, mi madre me leía todas las noches. Eso generó en mí un disfrute total de la literatura, para mi era (y es) un momento de ocio feliz. Luego, mi padre me invitó a un mundo compuesto por cuatro maestros; Borges, Bioy Casares, Poe y Kafka, sus preferidos. Más tarde, Marian y Ximena me presentaron otros tantos. Hoy en día me valgo de sus consejos y de mi intuición para leer. Asisto al taller de Alberto Laiseca, a quien reconozco como mi gran maestro. Entre todos, disfruto mucho de Balzac, de Maupassant, Dostoievski, Akutagawa, Kurahashi. Y argentinos me gustan mucho Macedonio, Arlt, Marechal, Filloy, Cortázar, Puig, Mujica Láinez, eso en narrativa. En poesía adoro a Girondo, Orozco, Pizarnik, Perlongher, Gelman también. ¡Por suerte me queda muchísimo por leer todavía!
- Más información en www.laquetrofila.blogspot.com.
Philippe Boisier: entrevista para Paula| agosto 08
Philippe Boisier: Encargos femeninos
Por Rodolfo García.
Tras dedicarse durante un tiempo a la producción de los eventos EIMA (Encuentros Internacionales de Música Actual), Philippe Boisier vuelve a dar vida a Icalma, su proyecto más personal, tal como empezó: musicalizando imágenes. La diferencia es que esta vez es para la serie de ciencia ficción Gen Mishima de TVN y para el nuevo largometraje de Alicia Scherson (Play), Turistas.
Diez años atrás, el franco-chileno abandonó al grupo Luna In Caelo para dedicarse al post rock y la electrónica, con su nueva banda Mambo Taxi, formada por Memo Dumay y el dj inglés Graham Wakefield. El trabajo del trío llamó la atención de la realizadora Manuela Heiman, quien luego les encargó la música para su cortometraje Ese Olor, estrenado a fines de 1998. De esa banda sonora nació el único disco del grupo, Amanda y Simón. Tras colaborar con Heiman, vinieron después los cortometrajes Noche, de Daniela Sabrowsky, y Primer Acto, de Paula Leonvendagar.
Primer acto, cortometraje de Paula Leonvendagar.
Fue así como Philippe se percató de que los pedidos que le llegaban no sólo se abarcaban diversos formatos (diseño sonoro para instalaciones, soundtracks, entre otros), sino que también provenían de encargos hechos por mujeres. “Es raro”, indica Philippe. “Pero se ha dado de esa manera: trabajar con mujeres. En Gen Mishima trabajo con hombres, aunque el contacto se dio a través de una recomendación femenina a los directores. Si tuviera que elegir a un amigo con quien colaborar, creo que sería sin duda Zebra (Sebastián Lelio, director de la cinta La Sagrada Familia). Tarde o temprano terminaremos haciendo algo juntos”.
Entre los trabajos para artistas femeninas figuran también una composición para la exposición Cuerpos Pintados (2000), y temas para los documentales Tell Me What Is Yet Not Said y Forcefields de Alejandra Altamirano, proyectados en julio de 2001 en Londres. “Fue durante una exposición donde estaban todos los grandes del arte cinético”, recuerda Philippe.
A esto se suman los diseños sonoros para la muestra de Nathalie Regard, Beaume d’ether, en Francia, y para la instalación H2O de Carolina Maury en el MAC chileno, durante octubre de 2002. La banda sonora para el documental I love Pinochet de Marcela Said, y una intervención musical para el lanzamiento de Big Magazine en la galería Animal, completan la lista.
PAREJAS CREATIVAS
Boisier se involucra en sus colaboraciones audiovisuales a través de su música minimalista e hipnótica, que va mezclando sutilmente con las imágenes. “El crear una obra en conjunto te da un grado profundo de intimidad, más aún si se trata de un hombre y una mujer”, señala el músico. “Se da una suerte de coqueteo intelectual durante el período de gestación artística”, explica.
¿Cómo defines a las creadoras con las que has trabajado?
Volviendo atrás, al momento en que ellas se han acercado para plantear una colaboración, creo que siempre ha estado presente el ánimo de buscar -sin tener claro de antemano- un resultado más allá de lo existente. Por ende, son personas con espíritu abierto a la experimentación y los frutos de la colaboración. Curiosamente, en casi todos los casos el resultado ha sido contundente.
¿Es más fácil trabajar con mujeres?
No necesariamente, pero cuando existe admiración mutua por el trabajo del otro, uno deja de lado sus barreras internas, lo que hace el trabajo mas fácil.
¿Qué es lo bueno y lo malo de ello?
Lo bueno se refleja en una cierta sensualidad y delicadeza del resultado, y lo malo es cuando se producen choques “intelectuales” de género.
¿Prefieres colaborar con ellas o ha sido fruto del azar?
Si bien estas contribuciones han sido fruto de azar o relacionales, siempre es grato incorporar al trabajo la cadencia femenina. Por eso trato siempre de equilibrar las colaboraciones.
¿Cómo nacen éstas?
Algunos han partido de relaciones de amistad de sensibilidad previa con lo que haces. Los menos han sido contactos indirectos, pero que han terminado con amistades.
ICALMA CON TURISTAS
Tras la separación de Mambo Taxi y luego de incorporarse a Pánico -grupo que lidera Eddie Pistolas-, Philippe Boisier partió a Francia el 2001. Y, como por si fuera poco, se lanzó como solista tras el alias de Icalma y publicó Music For The Eye, su primer disco. Tiempo después, Icalma se convirtió en grupo con la incorporación de Armelle Pioline y Pierre Jean Grappin, vocalista y baterista de Holden respectivamente. Ahora con banda, Icalma editó su segundo disco, Bun o Und (2005).
Después de un proyecto de covers latinoamericanos, Fogata Standards, el trío se separó. Y Philippe volvió a los encargos audiovisuales, como las exposiciones Fotografías y Cuerpos que la fotógrafa chilena Paz Errázuriz montó en la capital francesa en diciembre de 2005 y septiembre de 2006. Para la ocasión, Philippe trabajó con la artista multimedial Claudia Huidobro.
Esos fueron los últimos indicios de actividad musical del franco-chileno. Hasta ahora. La cineasta Alicia Scherson lo invitó a participar a Turistas, su nueva película, para que compusiera la música incidental. “Me motiva mucho que el elemento central de la película sea la naturaleza, Las Siete Tazas. Mucho paisaje, mucho verde. Se conecta con lo que estoy haciendo ahora, que es folk. Se trata de algo muy cálido en la línea de John Fahey y Gastr del Sol”, comenta Philippe. Este encargo también incluye la vuelta a los escenarios de Icalma, ya que el grupo se presentará en vivo para el lanzamiento de la cinta en el Festival de Cine de Valdivia en octubre.
¿Quiénes serán tu banda en vivo?
Convoqué varios músicos para llevar en vivo el nuevo material de Icalma. Entre ellos está Pedro Greene, a quien conozco desde hace un buen tiempo y que grabó un par de baterías para el disco Bun o Und. Pedro es un músico de una extensa carrera, muy ecléctico y abierto a nuevas propuestas. Eso es indispensable para Icalma, ya que el objetivo es lograr una música abierta, que incorpore escenas musicales inspiradas en ritmos diversos, como el afrobeat, la electrónica, el glitch, el bossanova, el bebop o el folk. También llamé a Pablo Flores (Namm), a quien conocí en la primera gira del EIMA, cuando tocaba con Gepe.
¿Prefieres trabajar en solitario para las bandas sonoras o subirte arriba de un escenario con un grupo en un contexto de rock?
Son dos cosas que no se oponen. Es verdad que mi método siempre ha tendido al ostracismo, al encierro en el estudio, pero me aburro muy luego de mí mismo. Es por eso que disfruto mucho las circunstancias del tocar en vivo, y en lo posible, con músicos diversos.
- Más información en www.myspace.com/icalma.
Bill Callahan| Nota para Paula| sept 08
Bill Callahan: encuentros cercanos
Por Rodolfo García.
Bill Callahan evade las entrevistas y, cuando las brinda, sus respuestas son bromas, incoherencias y monosílabos, por lo que es mucho más fácil entenderlo a través de sus letras. ¿Hermetismo? ¿Timidez? Este norteamericano nacido en Maryland en 1966 se ha ganado su prestigio exclusivamente por sus canciones, al punto de ser admirado públicamente por Yo La Tengo, Lou Barlow y Cat Power. Con más de diez discos a su haber, Smog se ha ido depurando hasta alcanzar la alquimia mágica de sus últimos trabajos, que forman parte del repertorio que ejecutará este sábado 13 de septiembre en Santiago, en el cine arte Normandie, antecedido por el músico chileno Fernando Milagros.
De estatura mediana, los ojos cafés y rostro felino, Callahan incursiona en el folk y el country con una mirada personal que le ha valido aparecer con su música en películas como Alta Fidelidad y en comerciales de autos con Bob Dylan al volante. Puede ser un signo del destino, luego de nacer en el año en que el padre contracultural de la canción acústica de protesta compusiera su himno Like a Rolling Stone, y en el que la Velvet Undergound lanza su sicodélico concepto de show en vivo. Dylan y Lou Reed son dos de las influencias esenciales en el trabajo de este joven Callahan que ya alcanza a sus maestros, con un reconocimiento global de la prensa especializada.
Dada su negativa a responder un cuestionario y su rechazo mediático, esta es una entrevista donde Callahan responde con sus textos, su tono de voz al cantar, y la sensibilidad con la que, a través notas mínimas en su guitarra, puede provocar efectos devastadores y emotivos. Es también, una experiencia de haber compartido por unas cuatro horas con uno de los compositores más talentosos del último tiempo, algo así como una reencarnación de Nick Drake: único, triste y nuestro. Porque las canciones de Smog no se escuchan de fondo, llegan a la médula, tocan el nervio que duele, o embriagan la consciencia dejando aflorar una libido coqueta en sus dúos con mujeres, como su actual pareja, la bella y lúcida Joanna Newsom.
PASEO POR FRIBURGO
El sonidista del local me lleva hacia donde está Bill Callahan. El club es el hangar abandonado de una industria reacondicionado como sala. Smog se encuentra en la parte donde estaban las máquinas, ahora el comedor comunitario, con una copa de vino tinto en la mano y un plato de espaguetis con salsa napolitana al frente. Mira de reojo y estrecha la mano en señal de saludo. Pálido en medio del invierno boreal, viste sobriamente con unos jeans clásicos, zapatos de cuero, chaqueta de gamuza y una camisa. La gira de The Doctor Came at Dawn, que sale en un par de meses, lo ha traído a Europa y de paso a Friburgo, en medio de los Alpes suizos. Experiencias de muerte, duelo y resiliencia son los temas que el cantante conversa con un estudiante de sicología. El público de esta noche es en su mayoría universitario y se divide entre voces en suizo-alemán y en francés, los dos idiomas de la ciudad. Abrigados con chalecos de lana y bufandas coloridas, los jóvenes indie del viejo xontinente llegan alegres a la celebración. Sí, Smog es objeto de culto. Bill Callahan es cool. Sus discos son ediciones que cuesta encontrar y que poseen una estética arty más bien rupturista. La clase de bandas que los círculos de estudiantes disfrutan con un porro de haschís y un vaso de cerveza en la mano.
Hace frío y han sido tres horas de tren para llegar al lugar. ¿Yo? Cámara en mano, con la idea de dejar un recuerdo del concierto. Callahan mira el aparato y dice: ‘No’. Mal comienzo. ¿Es Callahan buena onda? Es amable, pero parco y no se muestra mayormente interesado en explayarse más allá de lo necesario. Sin embargo, me responde. Lo preciso, quizás, mientras degusta su vino lentamente y con un placer visible.
-¿Conoces a Cat Power?
–Sí.
-¿Qué tal su versión de Bathysphere?
–Buena, la he visto en vivo.
Luego, mutismo. Respuestas estrechas y Callahan que mira el horizonte como queriendo arrancar. Un entrevistado huidizo y un periodista paranoico, mala mezcla. Callahan mira a los ojos cuando responde. Lo sutil es que manifiesta hastío pero en ningún momento corta la conversación. Está feliz con su gira europea, y este lugar parece agradarle, con su set puesto a tono para una velada intimista: mesas con copas de tinto, velas, el escenario reducido a la mitad, con un amplificador mediano y una guitarra apoyada en él. Con cero divismos, mira su reloj y dice: “Bueno, es la hora, tengo que ir a tocar”, toma su copa, camina, la pone sobre el parlante, se amarra la guitarra, y comienza el concierto.
Las notas son lentas y profundas. “Te mudaste a mi hotel, pudiste haberlo hecho mejor, pero bueno/ Redisqué tus llamadas telefónicas, leí tu correo, compartimos gastos/ Y ahora espero que no te importe, si agarro tu vida privada, la lanzo sobre la mesa y la desmiembro con un cuchillo”, funciona a modo de una introducción brutal, tras lo que Smog repasa su repertorio al tiempo que expone nuevas joyas. Algunas apuntan al grano, como Lize: “Ya no mientes como solías hacerlo. Tus mentiras solían ser más fuertes, acostumbraban durar más. Le ponías más atención a los detalles. Las mentiras que salen hoy en día se desmoronan al instante”.
La cámara de video ha quedado a un costado del pequeño escenario, donde un estudiante la recoge y se pone a grabar, mientras les recalca a sus amigos lo bueno que está el concierto. Callahan lo mira con desdén y enojo, mientras incorpora un ácido “No me importas tú”, en medio del final de la canción Bathysphere en señal de reproche al universitario. El recital termina y todos aplauden. Smog desenchufa su guitarra y se marcha, sin despedida alguna. Los estudiantes se levantan y dejan la cámara en el suelo. A unos centímetros, una chica le reprocha entre risas y sorpresas a un amigo lo descarado que es. Una jeringa de heroína yace en el piso donde ella le indica. El amigo se ríe y la recoge, mientras guarda su elástico. A la mañana siguiente una sombra fugaz se desplaza por las escaleras del hotel y se dirige a la salida. Es Bill Callahan, que camina como un gato sigiloso que quiere pasar desapercibido. Un gato cuidadoso, y huraño.
BILL CALLAHAN EN CHILE
¿Cuándo? Sábado 13 de septiembre, a las 22:00 hrs.
¿Dónde? Cine Arte Normandie. Tarapacá 1158, Santiago.
¿Cuánto? Preventa $12.000. Día del concierto $14.000.
NIN| Columna para Paula| Sept 09
7 razones para ver a Nine Inch Nails
Por Rodolfo García.
Dejar pasar el concierto de Nine Inch Nails (NIN) en el Arena Santiago este sábado 4 de octubre, sería un acto imperdonable por múltiples razones. La primera es que desde Nirvana, el grupo liderado por Trent Reznor ha sido quien mejor ha sabido levantar los estandartes del rock conjugando sonido, intensidad y pasión. Luego del Nevermind de la banda de Kurt Cobain, ningún otro disco ha sido a la vez tan masivo y desafiante como The Downward Spiral de NIN (2,5 millones de copias vendidas).
Su mezcla de electrónica industrial, autodestrucción, nihilismo, sexo animal y rock and roll lo ha transformado en un clásico admirado desde leyendas como David Bowie hasta vanguardistas como Aphex Twin y Telefon Tel Aviv. Por lo demás, ha sido el único disco que ha colocado en radios y televisión un single como Closer, que contó con la dirección de Mark Romanek, y con coros como “quiero tener sexo contigo como un animal, quiero sentirte desde las entrañas, tú me acercas a Dios”.
Segundo: Otra razón de peso para ver este show de Nine Inch Nails, es que el conjunto ofrece recitales inolvidables en los que los miembros de la banda lo dejan todo arriba del escenario. Prueba de ello es el legendario concierto que NIN ofreció para la edición del festival de Woodstock de 1994, donde se robaron el festival luego de zambullirse en el lodo con el público y luego interpretar sus canciones totalmente embarrados, con una energía fuera de serie que dejó un recuerdo imborrable para la posteridad.
Tercero: Además de vestir atuendos de cuero negro y vinilo y realizar provocadores videoclips, Trent Reznor es el fundador de la moda gótico-industrial. Me cuesta imaginarme la existencia de un público como el de la Blondie, con su maquillaje oscuro y piercings, si Nine Inch Nails no hubiese popularizado esta forma de vestir. De hecho, uno de los disc jockeys más populares de la discoteca under, Ministro (Miguel Araneda, quien tocaba en El hombre de la Atlántida), es un fan reconocido de NIN, y ha ayudado en gran medida a la difusión de esta cultura. Blondie implica al público del Eurocentro y del Portal Lyon, o sea, gran parte del mundo subterráneo de los jóvenes de la capital chilena.
Cuarto: Entonces, estamos frente a un revolucionario que ha redefinido tendencias estéticas y sociales. Ello hasta llegar a ciertos extremos, como las performances sado-masoquistas de sus primeros videos, los que han influenciado desde cintas de culto como Sin City, hasta al mismísimo David Lynch, quien incorporó el aura dark de NIN en su película Carretera Perdida, donde Trent Reznor invitó a participar a sus amigos de la comunidad vampiro como Smashing Pumpkins y Marilyn Manson. Este último le debe su fama a Nine Inch Nails, ya que fue Reznor quien se encargó de grabar sus primeros discos y de promoverlo. Su nombre de artista viene del hecho de que Trent se compró la mansión donde Charles Manson asesinó a una embarazada Sharon Tate, dejando viudo a Roman Polanski. Reznor puso ahí mismo su estudio de grabación.
Quinto: Nine Inch Nails se caracteriza por la espectacular calidad de su sonido, una verdadera proeza técnica que conjuga tanto la distorsión máxima posible en las guitarras, con baterías maquinales implacables, alternadas con pasajes de una calma extática y casi ambiental. Ello es un elemento que resalta en los conciertos que la banda ofrece, brindando un nivel técnico y profesional de primera selección. No es casualidad que el rey Midas de la producción en Chile, Cristián Heyne, sea un fanático acérrimo de Trent Reznor, al que ha emulado en más de una oportunidad a través de su proyecto Shogún. De ahí que su amigo Alberto Fuguet escribiera: “Para algunas personas, el nombre de Trent Reznor no significa nada; para otras, es Dios.” Lucybell es otro de los grupos nacionales que bebe a grandes tragos de las aguas de Nine Inch Nails.
Sexto: Es probable que desde el show de la británica PJ Harvey y desde la venida de David Bowie, lo de Nine Inch Nails sea el próximo concierto de rock masivo y de vanguardia que marcará un hito dentro de la escena nacional. Este ha sido ampliamente esperado por sus seguidores, los que sufrieron una gran desilusión luego de que años atrás se cancelara su venida a Santiago. No dejándose vencer, los más acérrimos armaron un grupo y viajaron todos juntos a Buenos Aires para ver a Reznor, el que se dio el tiempo para compartir un momento con ellos. Junto con Radiohead y The Cure, el recital de Nine Inch Nails debe ser uno de los más esperados por los amantes del rock moderno en Chile.
Séptimo: Por último, Nine Inch Nails, al contrario de los viejos dinosaurios del hard rock, es una banda que ha sabido mantenerse a la punta de lo que está ocurriendo en el mundo de la música, conservando ideas originales y publicando hasta hoy discos que figuran entre lo mejor de su generación. Ahí tenemos este año a Ghosts I-IV y a The Slip, ambos distribuidos gratuitamente en la web de la banda, www.nin.com. El primero es un álbum instrumental y ambient, y el segundo un opus rockero que devuelve a NIN a su mejor época, con todo el poder de The Downward Spiral. Si el disco que la banda está mostrando en la gira que lo traerá a Chile es lo mejor que han hecho desde hace catorce años, y que además es uno de los mejores discos del año, perderse el espectáculo en vivo que ofrecerá Nine Inch Nails en el Arena Santiago, es simplemente una locura que no tiene perdón de Dios.
Paula Rodríguez| Entrevista para Paula| Nov 08 | Inédita
Cine
Por Rodolfo García
La chilena radicada en Berlín estrena hoy en Fidocs su documental sobre la escritora Isabel Allende, donde recorre en imágenes y entrevistas su vida desde la niñez hasta la actualidad.
“Siento que Chile tiene una deuda con Isabel Allende, no se han portado bien con ella”, señala la directora Paula Rodríguez. Ella presenta hoy en Fidocs su particular mirada sobre la escritora, bajo la forma de un documental que indaga sobre su vida, desde su infancia hasta ahora, gracias a archivos familiares de Allende y entrevistas con la novelista. Ahí ambas abordan temas como la influencia del golpe militar en su existencia y la muerte de su hija Paula, de 28 años.
Rodríguez tiene 45 años y estudió cine en Berlín. Es chilena, pero cansada por el yugo del gobierno militar, emigró a fines de la década de los ochenta. Primero se fue México, luego Estados Unidos y finalmente aterrizó en Alemania en 1989, el año en que cayó el muro. En el país azteca conoció a su actual pareja, un periodista alemán con quien tiene dos hijos y con quien se trasladó a Europa. “Ahora en Berlín, con familia y todo, ya estoy bien establecida”, señala. De ascendencia germana y alumna del Colegio Alemán de Santiago, éste fue casi un paso natural para ella.
En el viejo continente, Paula ha desarrollado una aplaudida carrera, que incluye documentales como Primeros pasos, que recorre la Bosnia post guerra y ganó el Festival de video arte de Locarno, y Volver a vernos (Pinochet Children), que es una radiografía a su generación, nacida a principios de los sesenta, y cómo su vida quedó marcada por los 17 años con los uniformados al poder. Este último fue un proceso largo de tres años, que le valió ganar el mismo Fidocs donde se presenta hoy en el 2002, además de reconocimientos como el Bablsberg Medien Preis en Berlín.
¿Cómo nació tu interés por Isabel Allende?
Encuentro que los chilenos no la reconocen como es debido. Me parece increíble que aún no le den el Premio Nacional de Literatura, considerando el impacto que ha tenido a nivel internacional. Yo creo que ella ha sido una mujer destacada y muy relevante para la comunidad femenina a nivel mundial. Esto se percibe mucho más afuera, en el extranjero, que en el mismo país. Ahí intentan bajarle el perfil y está mal considerada. Entonces, en mi película yo quiero rescatarla como ser humano. Creo que ella ha sido muy consecuente, que ha luchado por los derechos de la mujer y por los derechos humanos. Con La Casa de los Espíritus, ella puso a Chile en el ojo de todo el mundo a un nivel literario.
¿Una nueva narrativa chilena?
Antes existía el Boom latinoamericano con autores como Gabriel García Márquez, pero como ella misma señala en la película, Isabel Allende es la primera mujer en América del Sur que alcanza ese nivel de público y ese nivel de reconocimiento internacional que habían alcanzado sólo literatos masculinos.
¿Cómo Borges y Cortázar?
Claro, aparte que ella es la primera en integrar a la mujer como personaje central de sus historias. Nunca nadie había hecho eso. En La Casa de los Espíritus ella da cuenta de la historia chilena a través de varias generaciones, y esto a través de la óptica de las distintas mujeres que van atravesando cada época. El hecho de contar desde la perspectiva de la mujer la historia de Latinoamérica me parece loable. Ella ha hecho grandes aportes, los que han sido ninguneados en Chile. Aparte ella en su biografía ha sido una mujer muy valiente.
¿En qué sentido?
Logró superar el exilio a través de la escritura. Perdió una hija, superó eso y siguió escribiendo… Es una mujer por un lado muy frágil, y por el otro muy fuerte, y eso me cautiva mucho en ella.
¿Cómo la contactaste?
Ella andaba en Europa y yo le mandé una carta a través de una amiga periodista. Isabel Allende es una mujer muy requerida, y muy amablemente declinó mi proposición. Luego, ella vio mi documental Pinochet Children, le gustó mucho, lo encontró un trabajo sensible y ahí aceptó. Me gustaría mucho que en Chile se viera la película, para que se cambie la percepción que se tiene de ella.
¿Qué te parece su labor como periodista en revista Paula?
La película muestra su vida desde su infancia hasta la actualidad, y hay un capítulo entero que cubre sus inicios, con todo el fervor que ello implica, de su escritura, en revista Paula. Ahí se ven sus acercamientos, también con el feminismo. Al parecer está muy mal visto hablar de feminismo hoy en día, pero ella se ha mantenido consecuente en esta línea desde los tiempos de la (revista) Paula. A ella le gusta mucho provocar, aunque está más tranquila ahora. Se me critica la falta de puntos negativos de Isabel en la película, pero yo admiro su honestidad, en la que inocentemente se delata a sí misma de manera transparente. Tiene mucho humor, es muy cálida, cuando estábamos filmando nos dio de comer, nos hizo regalos…Yo la sentí muy quebrada por lo de su hija Paula.
¿Fue muy difícil abordar el tema en cámara?
Nosotras tuvimos largas conversaciones y ese tema lo dejé como para el final ¿No? Estábamos en la sala donde ella reza y fue un momento muy íntimo. Aparte que su libro al respecto fue uno de los que más me tocó, y bueno, yo me llamo Paula como su hija…Entonces estaban esos elementos también en la mesa, para mí por lo menos. Es uno de sus libros más descarnados.
