mercredi 13 mai 2009

Esther Robinson| Entrevista para Paula| SANFIC 08 | Inédita

Esther Robinson: Reconstruyendo la Factory

Cine

Por Rodolfo García

Esther Robinson descubrió que su tío era cineasta y amante de Andy Warhol. Recuperó su obra desaparecida hace cuarenta años y reconstruyó su historia truncada misteriosamente a los 27 años en A Walk into the sea, exhibida en Sanfic y ganadora de un Oso de Oro en Berlín.


Esther Robinson presentó su premiado documental A walk into the sea en Sanfic, acerca de su tío Danny Williams quien fue amante de Andy Warhol y testigo de los primeros años de la Factory, en una mirada nueva y humana. Al mismo tiempo, la joven directora norteamericana exhibió los cortometrajes experimentales de Williams, los que permanecieron en el olvido durante treinta años y poseen una creatividad apabullante, al tiempo que muestran la vida del estudio donde nació el pop art y las primeras imágenes que se cuenten de Velvet Underground. Aquí, su historia.

Es domingo en la noche y espero que éste no sea aburrido. ¿Lo es? El llegar cansado de tedio a un lunes es un castigo insoportable…es mejor llegar con ojeras por salir. Está Sanfic, el festival de cine de Santiago para salvar la tarde. Vamos, una vuelta al centro al cine arte Alameda, la ocasión lo merece: Guy Picciotto, el guitarrista de Fugazi, ícono del post punk, viene a musicalizar unos cortometrajes acerca de la Factory, el efervescente taller de Andy Warhol, cuna del pop art y de la vanguardia de Nueva York a mediados de los sesenta. Fugazi, quienes vinieron en 1997 a Santiago, y Warhol, dos nombres poderosos que congregan a un público numeroso que llena el cine. No hay asientos, un rostro familiar, Perrosky, me indica un espacio en el suelo. La atmósfera se torna expectante en medio de cervezas corona y flashes ocasionales.

Tras la habitual bienvenida de los dueños del cine, una rubia alta emerge del escenario, con una intérprete. ¿Qué hace ella ahí? Hey, se espera a Picciotto y la Factory aquí, señorita. La joven comienza a hablar en inglés con acento norteamericano, de hecho, lleva el típico gorro de lana tipo nieve que usan los chicos cool de Nueva York, como Sonic Youth y Stephen Malkmus de Pavement.

–“Oh sí… ¿Han visto ustedes cine experimental?

El público ríe en silencio, como si la pregunta tuviera cierto prejuicio de subdesarrollo.

-“Sólo el Festival de la Una’, lanza alguien con sarcasmo.

-“Pues estos cortometrajes pertenecen a mi tío, Danny Williams, quien murió muy joven, cuando tenía veintisiete años. Él jugaba con la cámara y creó todas estas imágenes sólo con la intervención del lente y los botones del aparato, nada más. Él retrató a la Factory, ya que fue amante de Andy Warhol. Yo recuperé parte de su obra perdida por 30 años, y es lo que verán ahora.”

La proyección comienza, se trata de tomas en cámaras antiguas caseras, llamadas 8 milímetros o Súper 8. La imagen es en blanco y negro, con un asombroso trabajo de composición minimalista y juegos de luz y sombra. Escenas de una fiesta, todos vestidos de traje y copa en mano, riendo, haciendo bromas, cuando no provocando al lente al escarbarse la nariz. Figuras jóvenes, que se ven frágiles y alegres, como si ese mundo de cristal fuese a derrumbarse en cualquier momento. La historia de las drogas y el cliché autodestructivo y frívolo de la Factory son lugares comunes. Es una suerte desmitificarlos con estos flashes etéreos que forman un efecto estroboscópico en la película. Los rostros leídos una y otra vez se vuelven carne en los haces del proyector del cine arte Alameda. La actriz de Chelsea Girls, Brigid Berlin, la joven aristocrática que morirá debido a las drogas, y Genevieve Charbin se turnan al teléfono y tipean un texto en la máquina de escribir. Harold Stevenson, poeta, pintor y realizador, es retratado en fiestas en el hotel Carlysle, con Edie Sedgwick y Paul America en plena familiaridad. Picciotto y Todd Griffin, el compositor de la banda sonora, interpretan una serie de texturas sonoras ambientales que tensan y le dan vivacidad al relato. La velada termina, aplausos, y atajo a Esther Robinson, la sobrina del realizador, para saber más acerca de su historia. Me cita en el Hotel Neruda al día siguiente, y me dice que ella hizo un documental acerca de la vida de su tío, su misteriosa desaparición el día de Acción de Gracias de 1966, y cómo están los sobrevivientes de la Factory a cuarenta años de su apogeo. ‘A walk into the sea’, se llama el documental, que consigo luego en los archivos de Sanfic.

La frigidez de Andy Warhol

Esther Robinson me recibe a la mañana siguiente en el comedor del hotel. Está resfriada y a punto de partir a Valparaíso con su esposo, el productor Todd Griffin que musicalizó los cortometrajes de anoche. La realizadora comenta su documental, en torno al esquivo director que fue su tío, Danny Williams, pareja de Andy Warhol que retrató a la Factory en un instante temprano, antes de que las consecuencias de los excesos se hicieran sentir. En ‘A walk into the sea’, que ganó el Oso de Oro en Berlín el 2007, más premios en Tribeca y Chicago, los entrevistados dejan pocas alabanzas para quien es considerado uno de los artistas más importantes del siglo XX.

Warhol es visto por sus antiguos colaboradores como un ser mezquino, que no dudaba en apropiarse del trabajo ajeno para sus propios intereses y que luego era reacio a pagar. ‘Andy provenía de un ambiente pobre, por lo que sus habilidades de supervivencia eran sorprendentes. No vacilaba en aprovecharse del dinero y el glamour de los hijos de la alta burguesía que llegaban a la Factory, y adueñarse de su creatividad sin pagarles un dólar por ello. Además, era un torturador sicológico cruel que no vacilaba en destruir a quienes le rodeaban, como a Danny, con una indiferencia frígida y agresiva’, señala uno de los asistentes al estudio del pintor.

Williams era, sin embargo, un misterio para todos ellos, siempre estaba ahí drogado hasta el tuétano con su cámara en mano. Sólo sabían que tenía sexo con Andy y que era un trabajador silencioso, incansable y meticuloso, un obseso de la creación.

¿Ésta es tu primera película?

Sí, aunque he estado involucrada en un montón de producciones audiovisuales, y trabajo desde hace siete años en instituciones de apoyo a la creatividad de los artistas experimentales, ésta es la primera vez que dirijo yo misma una película.

¿Qué sabías de Danny Williams?

Muy poco, sabía que estuvo en la Factory, y que probablemente era gay, pero desconocía su obra y su vínculo real con Warhol y el movimiento, que era bastante profundo. Ahora, mi película no es sobre cómo desapareció ni qué pasó con él (si se ahogó o lo mataron). Sino que se trata de ahondar en la parte humana de ese período revolucionario para el arte actual que él vivió, y cómo lo percibió. Además, todo lo que salió luego en los libros, del mismo Warhol y de otros autores, acerca de él, es completamente erróneo, donde se subestima mucho su talento y su persona. Fue casi un asunto de familia reivindicarlo.

¿Muy fuerte la experiencia?

Fue muy duro, fueron siete años. En ellos me gané un cierto número de becas que me permitieron seguir adelante con el proyecto, y me demoré entre entrevistas, recopilación de material, edición...Incluso más difícil que encontrar a los sobrevivientes de la época, fue que quisieran aparecer en el documental.

¿Por qué?

Quiero decir, imagina que tienes veinte años, nunca has estado tan bien, tienes toda la energía del mundo, estás haciendo tu mejor obra, y cada cosa que haces, por pequeña que sea, mientras eres este veinteañero, llega alguien y dice que le pertenece a Andy Warhol. Y luego, durante el resto de tu existencia, todo el mundo te llama por teléfono, y quiere saber acerca de Warhol. Por ello, para estas personas es muy difícil y frustrante. Es trágico. Entonces, me dediqué mucho a ellos en el rodaje. Los mostré en primeros planos de rostros y manos, con mucha intimidad, para romper el hielo de la mirada academicista y experta, lo mío es lo humano: casi puedes adivinar lo que están pensando.

¿Cómo lo hacía tu tío?

Sí, es muy loco. Sobretodo que cuando yo rodaba el documental, aún no veía sus películas. Imagínate cuando entré al cuarto oscuro, de vuelta en Massachusetts desde Nueva York con sus cortometrajes, y vi todas esas caras y manos, fue alucinante. Para todos los que me conocían fue un shock. Nadie podía creerlo, es tan extraño, me preguntaban si era genético.

Gestos y rostros

¿Qué sentiste cuando viste los cortos de Danny por primera vez?

Es divertido, pues empecé a rodar mi documental antes de ver los cortometrajes de Danny. Entonces, yo estaba muy asustada porque no sabía si serían buenos o no. Estaba nerviosa. Mi abuela estaba muy enferma, y yo tenía miedo de que ella muriese antes de que pudiera conseguir las cintas. Fue muy estresante. Cuando al fin las tuve en mi poder, me encerré en esta pieza amplia con una pantalla enorme. Cuando empezaron a correr las imágenes, fue uno de los momentos más importantes de mi vida, como si me estuviera casando o algo así. Me dieron escalofríos: ¡Eran trabajos tan hermosos! Al ser tan experimentales, con toda esta edición conceptual hecha en la misma cámara, verlos era como estar dentro de la mente de alguien, viendo a través de sus ojos. Al mismo tiempo, son imágenes de una ternura muy grande, por lo que es algo muy emotivo. Me he ligado durante toda la vida al cine experimental, y descubrir que alguien que amo, que es mi tío, estuvo en lo mismo, me provoca una reacción muy intensa.

¿Cómo ves los trabajos de tu tío ahora?

Los veo como un mensaje que ha perdurado en el tiempo. Pero la mayor parte de estos mensajes pierden sentido, ya que se remiten sólo a la moda de una época, mientras que siento que la obra de Danny Williams tiene un valor estético que la hace atemporal. Creo que tiene elementos visuales muy innovadores, al mismo tiempo que contiene una sensualidad muy única que supera los parámetros de la mayoría de los cineastas de ajustarse siempre a un mismo marco espacio-temporal, mientras que Danny lo rompe y lo hace difuso. La mayor parte de los artistas de la Factory eran actores, jugaban un rol activo y preponderante, mientras que Danny era un observador. La historia la escriben los actores, o los que dominan la acción, al menos de manera inmediata. Aunque si tomas una distancia de cien o doscientos años, te das cuenta de que comienza a ser escrita por los observadores. Eso implica un cambio, y es lo que me interesa mostrar.

¿Imágenes versus versión oficial?

Lo más impresionante es que en la historia oficial, los participantes de la Factory superan su condición de personas. Son Andy Warhol, con una 'W' mayúscula, o Paul Morrissey, con una gran 'M'. Pero la mayor parte de ellos comenzaron a juntarse en los sesenta cuando eran muy jóvenes, todos veinteañeros. Mi película es sobre las personas en sí, cómo sus vidas cambiaron con este movimiento artístico y en qué están ahora. Las de Williams reflejan un mundo a media luz, con mucho juego de luz y sombra, pero donde puedes ver que eran felices. Lou Reed se ve como un bebé. Danny diseñó la sicodélica iluminación de Velvet Underground, el grupo de este último, eran muy cercanos. Después de 1966, todo se derrumbaría a causa de las drogas y los excesos, pero en 1965 o en el año siguiente, vivían todavía un cierto esplendor inocente.

¿Qué pasó con todos ellos?

Muchos murieron. A mediados de los setenta se fue un grupo a causa de las drogas, y en los ochenta, otros fallecieron a causa del Sida o de ataques al corazón por abusar de su cuerpo durante tantos años con excesos. El problema fue que todos ellos solían tomar muchas anfetaminas, lo que los enloqueció, perturbó o llevó a la muerte. Mi documental es como un gran manifiesto anti-drogas, como mostrándole al público lo que no hay que hacer, lo que ocurre si te sumerges en ese mundo.

Todd Griffin apura a Esther. Ambos están impacientes por partir al puerto, y felices de haber venido al Sanfic. Robinson contesta una última pregunta antes de partir.

¿Qué es Art Home?

Es mi empresa. En los Estados Unidos, la mayor parte de las subvenciones a los artistas se basan en avances de dinero para trabajar y crear una obra. Pero yo me dije: sería mejor permitirles encontrar un lugar donde vivir, y subsidiarles la vivienda para que tengan un espacio para desarrollar su arte. Sin este espacio donde vivir, no llegan a nada, ningún trabajo es posible, y muchos carecen de él.

A la semana siguiente, Lou Reed se presenta en el espacio Riesco. El amigo de Danny Williams y líder de Velvet Underground se ve bien para sus más de sesenta años. Hace un par de apariciones como guitarrista invitado al concierto de su esposa, Laurie Anderson. Luce enérgico, incluso algo cascarrabias, como un abuelo mal genio. Todavía sabe sacarle acordes salvajes y ruidosos a su guitarra eléctrica. Ambos, él y su mujer, montan un show estupendo y experimental, donde prima la crítica a la cotidianeidad, a la automatización del ser humano (que nos volvamos todos robots), al capitalismo desenfrenado y al consumo como satisfacción máxima. Los sobrevivientes de los sesenta, del Pop Art y de la Factory, aún no dan su brazo a torcer.

Andrés Waissbluth| Entrevista para Paula| Sept 08

La felicidad según Andrés Waissbluth

Por Rodolfo García.

El calor de Cataluña impregna de sensualidad a la nueva película de Andrés Waissbluth, 199 recetas para ser feliz. Deseo y muerte, dos componentes explosivos cuando se reúnen, son los sentimientos que se enfrentan en esta historia basada en el cuento Noticias de Milo, de Marcelo Leonart. Ésta describe a una joven pareja de periodistas chilenos treintañeros radicados en Barcelona, Helena (Tamara Garea) y Tomás (Pablo Macaya), cuya vida sentimental se ve convulsionada con la llegada de Sandra, la novia de Milo, el hermano de Helena recientemente fallecido. Con secuencias minimalistas y mucho uso del silencio, Waissbluth explora la psiquis humana a través de su fragilidad, y el conflicto descarnado entre angustia y sexo.

La película se gesta en torno a la campaña publicitaria que debe crear Tomás, para un libro de autoayuda. Ésta consiste en difundir recetas para ser feliz por las calles de Barcelona, las que son enumeradas a lo largo del filme. Entre ellas, por ejemplo: “No hagas lo que quieras, quiere lo que haces”, “Aprende a vivir la vida en borrador, por más que lo intentes, nunca tendrás tiempo para pasarla en limpio” o “Alcanzarás la felicidad cuando te des cuenta de que nada es demasiado importante”.

Lo irónico es que este periodista está insatisfecho con su trabajo y busca otro en alguna editorial de ficción. Dedica sus jornadas laborales a seguir a Sandra a través de la playa y la ciudad, al punto de arrendar una pieza de motel contigua a la de ella y su amante español para escuchar sus escarceos amorosos. Mientras, la sombra de Milo (el hermano muerto de la mujer de Tomás) ronda sus vidas como un fantasma representando el dolor de lo perdido. Helena lo recuerda siempre. Le dice “el pendejo”, pero nunca lo llama por su nombre.

LARGO ALIENTO

Cinco años se demoró en hacer 199 recetas para ser feliz el hijo del ingeniero Mario Waissbluth y de la sicóloga Eugenia Weinstein, para Andrés “la Uca”. “La Uca, además de ser mi madre, es bastante conocida por escribir libros de divulgación psicológica, más conocidos como libros de autoayuda. Este es un dato fundamental para comprender mi interés en hacer una película sobre la felicidad con título de libro de autoayuda. Toda mi vida he tenido que lidiar con la autoayuda en casa, y por eso es que mi relación y la de la película es tan dual. 199 recetas para ser feliz parece ironizar y reírse de la autoayuda, pero finalmente se la compra todita”, anota el director en su blog.

Luego de Los Debutantes -una historia de proxenetas, drogas, prostitutas y dos muchachos del sur recién llegados a Santiago-, el director de cine se embarca en esta odisea mucho más cotidiana. Tras un evento relevante en su vida, Andrés Waissbluth decide darle libre curso a un proyecto que tenía contemplado desde 2001, cuando se topó con el cuento de Leonart.

¿Por qué tardaste tanto tiempo?
Bueno, porque el cine no es fácil. Tampoco es tanto tiempo, aunque en cinco años igual pasan hartas cosas. Lo que ocurre es que desarrollar una idea y escribir un guión son procesos que no son tan rápidos, por lo menos para mí es algo lento. Hay personas que son muy veloces en ello, pero yo necesito madurar las ideas, corregirlas y perfeccionarlas.

¿Tú escribiste el guión?
En realidad trabajé con un equipo de guionistas y el texto pasó de una mano a otra. Yo creo que lo importante es tener pulido lo que uno quiere desarrollar y no filmar lo primero que se te viene a la cabeza. No digo que sea una norma, pero yo soy lento y la calidad del resultado hace que para mí sea beneficioso el demorarme.

Los Debutantes es mucho más oscura que 199 recetas…
Sí, efectivamente se podría decir que Los Debutantes es sombría y que 199 recetas para ser feliz, luminosa. Pero es una luz que viene desde la oscuridad, como ese plano del pasillo que aparece en el tráiler, donde lo iluminado viene desde las sombras. Así como tiene muchas diferencias, algunas evidentes -por ejemplo de clases sociales: ésta es una película más cuica, con personajes de clase media alta con respecto a la otra que exploraba la marginalidad-, también hay elementos que las hermanan. Los Debutantes trataba de la pérdida de la inocencia y ésta de lo que pasa después de la inocencia perdida. El tema de la hermandad es recurrente en ambas cintas, así como el sexo como catalizador de las emociones y liberador de duelos. Yo creo, entonces, que es de continuidad y cambio.

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¿Es 199 recetas… una película minimalista?
Sí, porque hay tres personajes. En Los Debutantes no había muchos más: eran cuatro. Aunque más que minimalista, yo diría que es una película íntima, de emociones, con personas normales que tienen problemas habituales y están insertos en una rutina, en la decadencia de la relación de pareja, y el estado de insatisfacción permanente conforman los temas centrales.

¿Hay un ménage à trois, un trío amoroso?
Sí, hay un ménage à trois en una escena de sexo que resuelve la película. Hay escenas de lesbianismo, también, aunque no creo que sea lo que haya que destacar de la cinta.

¿Cómo se gesta la relación?
Se trata de una pareja en la cual la relación se encuentra en caída libre, y llega esta chica que es la novia del hermano muerto, a pasar una temporada con ellos. Ella cataliza este derrumbe de la pareja y el duelo que no ha sido liberado, el dolor, las reflexiones y desencadena este trío amoroso y sexual.

¿Fue difícil conseguir los fondos?

Seguro, pero ésa es la condena del cine nacional. Yo creo que no hay que llorar al respecto. Es una pelea que hay que dar y uno tiene que tomarse el tiempo hasta conseguirlo, no claudicar. No parar el proyecto a la primera negativa, sino seguir adelante, ésa es la receta para ser feliz.

¿El público aporta sus recetas también?
Sí, lo que ocurre es que en nuestro sitio web www.199recetas.cl , la gente publica sus propias recetas. Queríamos llegar a las 199 recetas, y ya van más de 230 personas que han publicado más de trescientas recetas. La idea es a través de la página web reflexionar por qué nos cuesta tanto ser felices a los chilenos. Existen estos indicadores que muestran que los chilenos somos muy infelices, a medida que más avanza nuestro desarrollo, más caen nuestros niveles de felicidad. Entonces la idea es que cada uno aporte con sus recetas, yo tengo las mías, están las de la película y las de la gente. La invitación está hecha para que todos se sumen.

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Javiera Undurraga| Entrevista para Paula| Octubre 08 desde el XV festival de Cine de Valdivia

Javiera Undurraga: Miss In-Edit

Por Rodolfo García.

Fue en 1996 cuando Javiera Undurraga dejó Chile para no volver más. Sólo regresó por un tiempo para juntar un poco de plata y poder partir otra vez. Al terminar sus estudios de comunicación audiovisual en Uniacc, partió a Miami, Estados Unidos, para realizar su práctica profesional en MTV Latino, y se quedó trabajando ahí. “Era la época de oro de la industria musical, a mediados de los noventa, cuando las ventas y beneficios eran enormes y millonarios. También fue el tiempo en que en el canal participaban otros chilenos como Alfredo Lewin y Cote Hurtado”, destaca Javiera.

Tres años más tarde, en un viaje a Europa, se enamoró de Barcelona y decidió quedarse en España trabajando. “Sin papeles, pues, como todos los que se quedan en Europa”, precisa. Con el tiempo, la comunicadora se casó con un ingeniero español, con quien tiene dos hijas y casi ocho años de matrimonio. Apasionada por la música, en Estados Unidos asistió a cuanto concierto encontró, incluyendo el legendario festival Lollapalooza dirigido por Perry Farrell, el cantante de Jane’s Addiction.

“Al tener familia, se me hizo difícil poder seguir yendo a recitales en la noche, sobretodo porque en España es muy difícil contar con servicio doméstico”, acota Javiera. Delgada, de pelo castaño, mirada despierta y apariencia sobria y elegante, Undurraga sonríe mientras piensa en la familia que conformó en Europa. Su vía de escape para saciar su curiosidad melómana fueron los documentales musicales. “Tienen un factor más relajado que te permite disfrutar de tus artistas favoritos cuando ya no estás tan disponible para irte de fiesta a un show”, comenta.

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Es entonces cuando conoce In-Edit en Barcelona, y queda maravillada con el concepto de festival de documentales de música y la cantidad de películas exhibidas, unas cincuenta cada año. “Me propuse traerlo a Chile, ya que cuando estás en Europa, siempre quieres llegar con algo para tu gente, algo que sea un aporte”, explica. En la capital catalana, Undurraga ha podido relacionarse con otros chilenos, como el grupo de rock Familea Miranda, quienes residen en tierras ibéricas desde 2006.

También en Europa, la comunicadora conoció a Javiera Parada, hija de José Manuel Parada, uno de los tres degollados en 1985 por el gobierno militar, y exiliada en Cataluña. “Al principio me costó hacer cuadrar con mi gente el hecho de pasar el documental sobre su vida, Javiera de Barcelona, en el In-Edit Chile, pero esta actriz pudo sanarse a través de la música, siendo disc jockey de electrónica y eso es maravilloso”, dice Undurraga.

DE CATALUÑA A SANTIAGO

Javiera partió con In-Edit en Santiago hace cinco años, y desde entonces el festival ha ido desarrollándose hasta convertirse en una referencia. La próxima edición de diciembre será en grande, con más salas que en años anteriores y con media partners como radio Zero y la revista especializada Extravaganza.

Para la comunicadora, In-Edit es además la excusa perfecta para venir cada año a pasar sus vacaciones a Chile, visitar a sus padres y hacer que éstos compartan con sus hijas. “El resto del año me coordino con mi equipo por Skype, mail, o como sea. Y puedo trabajar gracias al cambio de horario, que me permite estar en contacto en la mañana, cuando mis hijas van al colegio, y luego en la noche, cuando ya están durmiendo”, indica Javiera, quien ahora es asistida por la periodista Marisol García.

¿Cómo te nació la inquietud de hacer In-Edit en Chile?
Este festival existía en Barcelona, yo fui a verlo y encontré que era increíble. Luego, me pareció que en Sudamérica hay una escena muy potente de música y creía que iba a ser un éxito. Me puse en contacto con los organizadores, les dije que quería traer In-Edit a Chile y los convencí.

¿Y ha sido un éxito?
Sí, de todas maneras. Yo estoy muy contenta con el festival, que año tras año ha ido creciendo. Para mí esto es una forma de expansión. Es un festival independiente que tiene sus pros y sus contras. Lo bueno es que podemos programar lo que nos gusta y podemos hablar lo que queramos en torno a la música y la imagen, y compartirlo con gente que le interesa el tema. Lo negativo es que es un festival hecho con esfuerzo.

¿Cuántas películas tienen en exhibición?
Bastantes. El año pasado creo que tuvimos alrededor de cuarenta. Había tres locaciones, como el Teatro Mori, el Centro Arte Alameda y el cine Pedro de Valdivia. Esto fue muy especial y a la vez terrible, ya que cerramos ese cine de barrio, el que ahora va a ser un hotel. Yo le escribí un mail al dueño, para que en su hotel pusiera una sala pequeña de cine, y que de seguro los vecinos de la plaza se lo iban a agradecer. No sé si lo habrá leído, pero se lo pedí con todo respeto. Le dije que hoy en día los hoteles están abiertos a la comunidad, por lo menos es lo que ocurre en Europa. Eso ya tan cerrado no es ni negocio, y el poner una sala pequeña y abierta a la gente le podría hasta beneficiar económicamente.

ENTRE EL CALLE CALLE Y LASTARRIA

En el XV Festival Internacional de Cine de Valdivia, In-Edit tiene varias cintas en exhibición, como una respuesta a Buena Vista Social Club, presentada como segunda parte por el alemán Carsten Möller, un increíble documental sobre la banda de rock de vanguardia Sonic Youth, llamado Sleeping Nights Awake, y otro sobre la vida de Kurt Cobain, About a Son, entre otros.

¿Qué te provoca Valdivia?
Estoy súper contenta de estar acá con la muestra In-Edit. Nosotros hace mucho rato que queríamos salir de Santiago, pero en buenas condiciones, bajo el alero de gente seria. Esto porque el In-Edit ya tiene su nombre y su prestigio y el Festival de Valdivia es una excelente plataforma. Valdivia es una de las ciudades más bonitas de Chile y aquí se nota que el público está ansioso de eventos como In-Edit, así que espero que lo disfrute y lo pase tan bien como nosotros.

¿Cómo ha sido la recepción de In-Edit en general?
Increíble. Nos damos cuenta de que tenemos llegada pues hemos tenido anécdotas divertidas, como cuando pasamos el documental de Kurt Cobain llegaron chicos con guitarras y poleras. También nos dimos cuenta de que existe un público entendido, cuando en pantalla aparece algún músico e instantáneamente surgen gritos desde las butacas. Eso es muy rico.

¿Qué planes tienes este año para el In-Edit?
Estoy viendo la posibilidad de hacerlo en Lastarria, ya entré en conversaciones con todas las locaciones alrededor del barrio. Estoy hablando con el Biógrafo, con Lastarria 90, con el Observatorio, el Teatro Mori y por supuesto el cine arte Alameda. Esto porque quiero hacer un circuito que se pueda recorrer caminando entre estreno y estreno, y que el público después de la película pueda reflexionar sobre la música, sobre lo que vio. Porque eso es lo lindo del festival, más que en una multisala de mall. Es lo que ocurre aquí en Valdivia, donde todo queda cerca y se genera un ambiente muy rico, por eso este festival merece todo mi respeto.

¿Cómo seleccionas la muestra?
La mayor parte de las películas las saco tras ver el In-Edit en Barcelona, que es ahora muy pronto. El resto lo veo en la casa. Siempre que puedo me arranco a Berlín y a Cannes, ya que están relativamente cerca y no puedes formar parte de la industria e ignorar lo que sucede a tu alrededor, los workshops y las problemáticas propias. Me causó pavor escuchar a la ministra de Cultura decir que estamos en un buen momento, y alrededor mío los realizadores se miraban consternados. Hay problemas serios de falta de público, en el mundo la tendencia es a que las salas vayan cerrando. Por otra parte, me gusta poner películas jugadas que aunque las vean treinta personas, que sean aquéllos que realmente saben de música y se apasionan por el tema, como ocurrió el año pasado con The devil and Daniel Johnston. Eso te da una gran satisfacción.

¿Alguna película jugada este año?
Tenemos dos chilenas que son bien jugadas. La primera es un documental sobre Rosita Serrano, una diva chilena muy desconocida de los años treinta que se fue a cantarle a los nazis. La historia es increíble, ya que cuando se dio cuenta del horror de la guerra, se puso a cantarles a los judíos y tuvo problemas con el Tercer Reich. La historia es muy bonita porque no la conocemos mucho. La otra es The Red Elvis, que se trata de un tipo que era como el Elvis Presley de los países comunistas. Este personaje viene a Chile en la época de Allende, y participa del cambio de mando. Es entretenido, aparece su hija hablando acerca de él, y aparte refleja una época, de cómo se vivía en ese tiempo, algo muy conmovedor. Yo creo que van a gustar estas dos cintas, a pesar de no ser masivas como las de Pink Floyd o los Rolling Stones. Pero son piezas que son bonitas de rescatar y es nuestra labor como festival poner cosas así.

Reportaje XV Festival de cine de Valdivia| para Paula| Publicado en octubre 08

Valdivia: a puro cine
Cine
Por Rodolfo García

Valdivia es una de las muestras más entretenidas del cine mundial en Chile, tanto por su selección ligada al cine arte, como por su encantadora locación al borde del río Calle Calle. El certamen acaba de comenzar con la presencia de la ministra de cultura y de actores consagrados como Alfredo Castro y Luis Alarcón, a quienes entrevistamos. Aquí, los detalles in situ.

El Festival Internacional de Cine de Valdivia es la muestra del séptimo arte más austral del mundo. Imbuido del ambiente de sus avenidas circulares e históricas, del río Calle Calle, la omnipresente y celebrada cerveza Kunstmann, orgullo regional, y de los legendarios crudos de la ciudad, es también aquél donde ha eclosionado el llamado Nuevo Cine Chileno (nombre acuñado por la célebre revista francesa especializada ‘Cahiers du Cinéma’), con la presencia de directores jóvenes y talentosos como Alicia Scherson (Play), Sebastián Lelio (La Sagrada Familia) y Pablo Larraín (Fuga, Tony Manero).

Valdivia, desde hace tres años, posee además el sello de un cine culto y de autor, con muestras de los mejor de la filmografía europea y latinoamericana, y una relación directa con festivales de prestigio artístico como lo son el de Locarno, Suiza, y el de Berlín, Alemania. ‘Antes era un festival más hollywoodense’, aclara Gonzalo Maza, uno de los programadores de este año. ‘Ahora, somos como un festival periférico que se nutre de muestras en Europa’, prosigue el miembro de la organización. Por ende, Valdivia es más arte que industria, y más cercano a Emir Kusturica que a Steven Spielberg. Ello lo transforma en una excelente alternativa regional y en un polo de atracción turística. Prueba de esto es la película que abre la muestra de cine noruego que exhibe el certamen, donde ‘Hawai-Oslo’ de Erick Poppe, exhibida en el antiguo y neoclásico teatro Cervantes con presencia del embajador, se asemeja mucho al estilo pulcro y surrealista desarrollado por el gran Wim Wenders (Las alas del deseo).

Alfredo Castro viene a presentar Tony Manero, de Pablo Larraín, en una de las 20 cintas chilenas exhibidas en el certamen. Ha venido junto a Marcelo Alonso y Amparo Noguera, ambos actores en la película, y quienes son los encargados de animar la ceremonia de apertura del XV Festival de Valdivia. Castro contesta locuaz y certero.

¿Qué te parece este festival?
Bueno, es importante que se haga realidad y que la gente se dé cuenta de que es un esfuerzo en pos de la descentralización. Yo creo que es una muestra de cómo el arte supera la política, el poder, y logra reunir a gente tan increíble: aquí hay mucho talento, tantas producciones de todo el mundo. Es sorprendente, a mí me tiene impresionado. Sobretodo la cantidad de gente joven, de trabajos en proceso, de investigación. Eso es loable. Acabo de llegar y de ver el programa, y como te digo me sorprendió la cantidad de trabajos de jóvenes realizadores. Yo creo que ésa es la gran diferencia con los otros festivales en Chile, si bien cada uno tiene su particularidad.

Raoul, mon ami

Luis Alarcón está aquí para presentar un ciclo dedicado al maestro Raúl Ruiz, con estrenos en Chile de varias de sus obras recuperadas en distintas cinematecas europeas. Ruiz se encuentra filmando un proyecto largamente anhelado en Escocia, por lo que se encuentra ausente. Sin embargo, como clausura de la ceremonia en el Aula Magna de la universidad Austral espera una sorpresa. El regalo de despedida es nada menos que ‘La maleta’, el primer cortometraje del director grabado en 1963 y luego perdido.

Éste fue encontrado en los archivos de radio Universidad de Chile en Miguel Claro, en una caja que decía ‘película francesa’. No fue sino al abrirla y ver las cintas que se descubrió que correspondían a una obra de Ruiz, aún sin montar. El autor fue contactado durante este año, y se dio el trabajo de montar y editar finalmente su primer corto, secuenciándolo y poniéndole música. La muestra de su obra se llama ‘De Raúl a Raoul’, en alusión a su estadía en Francia y al reconocimiento de su obra allá, donde es un autor de culto que ha grabado con estrellas de la talla de la magnífica y elegante Catherine Deneuve.

Alarcón actúa en algunas de las películas exhibidas, incluyendo ‘Tres tristes tigres’, y es ya un doctor honoris causa de la muestra valdiviana. ‘He venido a catorce de las quince ediciones, ya pertenezco aquí, soy como un pariente, con un grado superior al de hijo ilustre’, declara el respetado comediante. ‘Soy el único actor de las películas de Ruiz presente aquí, actué en nueve de las que ha hecho y presento tres’.

Un poco más allá, Pablo Illanes conversa con los presentes acerca del adelanto de su película ‘Baby Shower’, y María Izquierdo se pasea por los pasillos. ‘Hay dos películas en las que participo, aunque están fuera de competencia. Éstas son ‘Matar a todos’, una co-producción uruguayo-argentina y chilena, y ‘Cordero de Dios’, que es una producción argentina-francesa. Y feliz, este festival está muy entretenido’

Cultura desde el colegio

Paulina Urrutia ha venido como ministra de Cultura a lanzar el festival, y como tal le ha otorgado el máximo reconocimiento e interés por parte del Estado. Incluso le ha dedicado parte de su presentación al fallecido director de la muestra, Guido Mutis, homenajeado en la apertura en el Aula Magna de la universidad Austral.

¿Qué siente respecto a Valdivia?
Bueno, yo espero que esta plataforma que significa difusión, posibilidad de ampliación de nuestros mercados, intercambio cultural, inserción, también, de Chile en el circuito de festivales a nivel internacional, siga desarrollándose y consolidándose en el tiempo. Y, para eso, hemos contado con una gestión impecable, que ha permitido intencionar tanto las voluntades y el compromiso del mundo público como del privado, con un festival que convoca una buena cantidad de gente, y esperamos siga formando audiencia y generando público. En resumen, que vaya generando una sociedad amante del cine, y también inserta en el mundo, ya que manejar hoy en día el lenguaje audiovisual es manejar los códigos globales, planetarios.

¿Qué le parece la muestra de cine chileno?
Eso es vital: la plataforma existente para mostrar la creación regional y todo lo que significa en términos de contacto de nuestra filmografía con la mejor filmografía del mundo. Ello genera posibilidades de desarrollo ya que el Festival de Cine de Valdivia es una de las mejores tribunas que tiene el país.

¿Considera usted que es el festival más arty en Chile?
Yo creo que la gracia es que nosotros tengamos festivales de buen nivel, como éste –además de Sanfic y el de Viña del Mar-, y que cada uno vaya teniendo una marca que lo identifique. Que se vincule profundamente con la identidad de su territorio, de la tierra y de la gente de Valdivia y que vaya conformando su línea editorial, su curatoría, de acuerdo con esa identidad. Yo creo que la gracia no es que sean todos iguales, sino que cada uno tenga su sello y brille por esa diversidad.

¿Qué piensa usted de que se haga fuera del monopolio santiaguino?
Yo creo que en Santiago, como en todas las capitales del mundo, no se monopoliza, se concentran, más bien, las opciones. Al concentrarse, tenemos limitaciones. Pero eso se da también en las capitales regionales. Hay que tener mucho cuidado, entonces, con lo que le puede pasar a Valdivia. Se le puede reprochar el monopolio de la Región de los Ríos. Creo que el tema del centralismo es algo que tenemos que trabajar todos, para permitir en términos de generación -y al mismo tiempo de extensión- del acceso y de la participación de la ciudadanía de todos los rincones de Chile. Ser equitativos en cuanto a las oportunidades y que la población entera se sienta parte del desarrollo cultural del país. Es algo que ocurre en todas partes, lo que no quita que haya que combatirlo y desarrollar de manera más igualitaria la creación artística.

¿Existe equilibrio presupuestario entre Santiago y regiones?
Por cierto, nosotros, por ejemplo, en el Fondart, asignamos un 50 por ciento a regiones, al ámbito nacional, que son los niveles en donde se va produciendo. Esto tiene que ver con las referencias artísticas, de cómo se crea local y nacionalmente.

¿Hay apoyo municipal?
Para nosotros es un gran compromiso hacer realidad el uno por ciento de inversión de los municipios en materia cultural. Antes no lo teníamos y ya llevamos varios años de ejercicio de la reserva del 2 por ciento de los fondos de desarrollo regional, que es una suma no menor. Estos se distribuyen, se evalúan, se seleccionan y se asignan regionalmente. En el caso de lo audiovisual, tenemos líneas específicas de desarrollo de producción cinematográfica en distintos formatos de producción regional y en el ámbito nacional. Esto es algo bien especial, porque hay que comprender que las artes siempre requieren ir subiendo peldaños.

¿Cómo es eso?
El primer escenario es en el colegio, luego llegamos al de la comuna, del municipio, luego saltamos a los más grandes escenarios nacionales y luego conquistamos escenarios fuera del país. Eso es natural, y forma parte de una competencia que es vital para el desarrollo y evidentemente tenemos que ir ampliando las referencias para el mundo de la creación. Eso implica que el Estado debe generar las condiciones para que ese germen productivo florezca. Yo creo que aquí hay responsabilidades compartidas. Aquí mismo yo creo que la Universidad Austral es muy importante en términos de plataforma de formación. Nosotros por más esfuerzo o plata que repartamos, si no tenemos plataformas formativas que vayan permitiendo el perfeccionamiento artístico y cultural en las distintas regiones del país, la verdad es que es poco lo que podemos avanzar.

Este año el presupuesto de educación es uno de los más grandes…
Cuando estamos trabajando un proyecto que implica educación, evidentemente tenemos que comprender que un proyecto educativo es un proyecto cultural, que tiene que ser una educación integral, la que debe contener arte y cultura dentro del currículum, que esperamos constituya oportunidades de crecimiento más integrales y proyección de los proyectos educativos a corto y mediano plazo.

Sue 2008| Informe para Paula| publicado en Noviembre 08

Las claves para ir al SUE

Música

Por Rodolfo García

El festival Santiago Urbano Electrónico ofrece este año un excelente afiche encabezado por dos leyendas del indie rock como REM y The Jesus and Mary Chain.

El SUE es corto, pero es nuestro. Palidece seguramente al lado de los grandes festivales del primer mundo, como lo son el de Glastonbury en el Reino Unido, la Route du Rock en Francia, Benicassim y Sónar en España, o el Montreux Jazz Festival en Suiza. Cada uno de esos eventos concentra durante unos tres días seguidos a unos 50 artistas en promedio, generalmente repartidos en varios escenarios. El fichaje en estas instancias incluye lo mejor del momento, como My Bloody Valentine, quienes hicieron de curadores del All tomorrow’s parties de Nueva York en septiembre, y tocaron junto a Mogwai, Mercury Rev y Lilys. En Chile, el SUE se emparenta a una escala menor con estos festivales. El cartel de este año corresponde a quienes encabezan alguna noche otro evento de mayor envergadura, como REM y The Jesus and Mary Chain, y a quienes van de plato fuerte seguro en escenarios como Coachella en Estados Unidos: Kaiser Chiefs y The Mars Volta.

Para Santiago, ciudad que recién comienza a integrarse a una red global de conciertos internacionales de mayor actualidad, el SUE está muy bien. Es decir, los melómanos siempre se quejan de la abultada cartelera de avanzada de Buenos Aires y Sao Paulo, y de que las bandas se quedan ahí sin cruzar la cordillera. Tan sólo este año, los rockeros de Melvins, la sicodelia de Spiritualized y la electrónica de Schneider TM se quedaron en la capital argentina. Todos ellos figuras fijas en los festivales europeos. Estos últimos, además, se diferencian de nuestro humilde SUE por el hecho de ser generalmente a campo abierto, y con carpas: al más puro estilo Earthdance, salvo que en un escenario está tocando Radiohead y en el otro Cansei de Ser Sexy. Así ocurre en el Paléo Festival suizo y en las Eurockéenes francesas. Por ello, entre la nada que existía (salvo las visitas de estrellas como Shakira y Luis Miguel), y el Sue de ahora, el avance es enorme. Nuestro estilo es aún provinciano, y estamos lejos de esas canchas de pasto en Europa llenas de adolescentes con skates y dreadlocks tocando bongós y fumando marihuana hasta el amanecer, pero quizás vamos para allá. The Ganjas son los invitados nacionales para abrir la segunda noche en el Arena movistar.

Noche 1: 3 de Noviembre/Arena Movistar

The Mars Volta

Este grupo de rock progresivo se repite el plato y viene por segunda vez al mismo festival. Jóvenes y con un virtuosismo metalero, entusiasmarán a los amantes de King Crimson.

Myspace: www.myspace.com/themarsvolta

Kaiser Chiefs

Los Kaiser Chiefs empezaron su carrera el 2005 con un debut cercano al post punk y la new wave, que se inserta dentro de la corriente actual británica de grupos pop como Arctic Monkeys y Franz Ferdinand, con algunos ecos de los primeros Blur. Brit pop del más puro.

Myspace: www.myspace.com/kaiserchiefs

Noche 2: 4 de Noviembre/Arena Movistar

The Jesus & Mary Chain

(Clip para Just Like Honey: http://www.youtube.com/watch?v=jYTpRWlQnf0 )

Desde Escocia, The Jesus and Mary Chain llega con un catálogo impecable, con joyas como Psychocandy, cuya mezcla de guitarras ruidosas y melodías pop pegajosas marcó a más de una generación en Inglaterra, y a bandas nuevas como los Black Rebel Motorcycle Club. Venenosa y dulce, la música de los Mary Chain incorpora una estética saturada y actitud en el escenario. Sus primeros shows duraban diez minutos y provocaban revueltas tras el ruido catártico de sus canciones. Este es uno de los primeros grupos indie en rescatar la postura radical de grupos experimentales como The Velvet Underground, en un giro arty que le ha valido formar parte de bandas sonoras como la de Lost in Translation de Sofia Coppola, y tener a Scarlett Johansson de corista en vivo. Por ello, The Jesus and Mary Chain es la apuesta más cool y lo más destacable de este SUE.

Myspace: www.myspace.com/thejesusampmarychain

The Ganjas (Clip. Sonic Redemption http://www.youtube.com/watch?v=60U1X54GrUg )

La banda encabezada por Sam Maquieira (Jusolis, Yajaira) se presenta junto a los icónicos The Jesus & Mary Chain en su mejor momento. Tras consolidarse con los años, The Ganjas poseen experiencia en vivo y un disco que recopila lo mejor de su carrera bajo el brazo, This is the time, que salió el 2008 por Algo Recods. El trío chileno coincide con los escoceses en su gusto por las guitarras sicodélicas y el noise.

Myspace: http://www.myspace.com/theganjas

Ambas noches:

REM (Clip para Drive: http://www.youtube.com/watch?v=LnlAHrPUD2c)

Formados en Athens en 1980, REM es la banda con más trayectoria en esta edición del SUE. El ahora trío, compuesto por Michael Stipe (voz), Peter Bucks (guitarra) y Mike Mills (bajo), se presenta por primera vez en Chile con un repertorio sólido y extenso. Desde sus inicios ligados al punk hasta sus producciones pop, REM esgrime clásicos intensos como Automatic for the people y Monster.

Myspace: www.myspace.com/rem

Los Otros 80, informe sobre el festival SUE| para Paula| publicado en noviembre 08

Los otros 80

Música

Por Rodolfo García

En medio de todo el revival por una década fluorescente, el Festival Santiago Urbano electrónico presenta dos de los más grandes exponentes de la contracultura de los ochenta: The Jesus & Mary Chain y REM.

Los ochenta pueden ser tan prescindibles. Peinados pasados de moda, luces de neón y tonos fluorescentes. La estética del mal gusto: música chatarra y sintética, hard rock afeminado (Poison), pop de hormonas y silicona (Sabrina, la de Boys! Boys! Boys!) y bronceado cancerígeno estilo Saint Tropez, cuando no menudencias de un país en crisis y pobre (el nuestro), debido a la crisis económica de 1982. La lista suma y sigue hasta llegar al paroxismo del aburrimiento. En medio de todo este infierno, y como una respuesta a las promesas caídas del capitalismo (en la Inglaterra post industrial de Margaret Tatcher) y de los abusos idealistas de los 70 (hippies), surge un movimiento nihilista y contestatario, una muestra de disconformidad con la sociedad en su conjunto y las estructuras que la componen: bienvenidos a la era punk.

El ruido se transforma en el mejor catalizador de las emociones intensas de la época, y las guitarras del underground se saturan, hasta hacerse inaudibles: en Glasgow, Escocia, cuatro jóvenes deciden aplicar acoples y distorsión al máximo como fuente de libertad artística. Nace The Jesus and Mary Chain, liderado por los hermanos Jim y William Reid (en guitarra y voz). Sus conciertos son tan intensos que duran una decena de minutos y dejan al auditorio en llamas y en revuelta, en un pogo violento.

La radicalidad de su propuesta se inserta en la marginalidad. En los códigos punk en Europa, está escrito que vivirás en un okupa. Vestidos casi siempre de negro, los Jesus & Mary Chain poseen un romanticismo cercano al de Baudelaire, y se drogan: ¡cómo se drogan!. Pero está ok, la premisa en los primeros ochenta es inventar una nueva sicodelia, inspirada en la disonancia narcótica y en la hipnosis de The Velvet Underground. ‘Tomando drogas para hacer música para escuchar drogado’, lanzan los influyentes Spacemen 3 a modo de manifiesto.

Post Punk

The Jesus and Mary Chain va más allá del punk: lo suyo es la bulla saturada, pero con melodías pop y pegajosas. Fundan el noise pop, extendiendo su influencia a una buena paleta de contemporáneos que va desde Sonic Youth hasta My Bloody Valentine, sin olvidar a Nine Inch Nails, quien abría sus shows al inicio de su carrera. ¿Son estos los ochenta que vale la pena recordar? Por lo menos son los que abrieron la posibilidad de futuro, anticipando los 90, e incluso marcando nuestra década, donde en materia musical el post punk está de moda (Interpol, Black Rebel Motorcycle Club), y en materia de vestuario, sigue siendo una tendencia vigente. ¿Qué se pondrían las mujeres inconformistas sino?

Las melodías sónicas de los hermanos Reid son uno de los primeros signos de lo que reconocemos hoy como el taquillero indie rock, tan apreciado en el universo cool. Y es que los Jesus and Mary Chain lo son, ellos y su amiga Scarlett Johansson.

En Estados Unidos, una joven banda de Athens llama la atención de unos nacientes Sonic Youth, se trata de un cuarteto enérgico de letras incendiarias y de asociaciones de ideas y sentimientos muy rápidas: REM. El grupo de Michael Stipe se destaca de inmediato por su mensaje crítico y existencialista, plasmado en un principio en canciones como “Radio Free Europe”. Sus dardos hacia el sistema neo conservador de Ronald Reagan y hacia la sociedad americana van envueltos en versos y alusiones poéticas al desencanto, cuando no ironía. Esta actitud desprejuiciada es una inspiración para seguidores como Nirvana y Yo la tengo, y se transforma en el arma de lucha para la escéptica generación X. La emotividad está presente desde un punto de vista descarnado, también, en temas como “The One I Love” y “So Central Rain”, dando paso a una complejidad de emociones contradictorias que sobrepasa la superficialidad vacua de su tiempo.

REM se presenta como una banda intensa como pocas, hasta hoy participan de manifestaciones políticas (Live 8) y humanitarias (Free Tibet), sin caer en lo panfletario, mientras que The Jesus and Mary Chain interpretan un rock and roll devastador. Ambos al extremo, y los dos como representantes de lo mejor de una época olvidable.